Pepe Cercas
Poeta recién llegado
Desde la profunda boca vino el grito a revelar el día de la ira.
El hombre blandió el día de la sangre,
y el hombre de nuevo mato al hombre.
Agonía en las calles, en los barrios,
agonía en las tumbas abiertas
y en los pechos del hambre.
Vino el terror vestido de aire,
tuvo en el día la furia sus navajas afiladas.
Mujeres y hombres vinieron de la ira,
Llegaron desde los balcones, desde las azoteas,
desde las hojas verdes de la primavera.
Y ellos ¡Oh malvados guerreros hambrientos!
¡oh salvajes fieras del combate!
levantaron sus sables al viento y la sangre,
y el hombre volvió a matar al hombre.
¡oh malvados guerreros del combate!
Dueños que fueron de la longitud que esgrime el acero,
de las cabezas huérfanas que somete la tierra,
de la sangre que emana fueron los dueños.
Pero el ciudadano rompió la tierra con el puño del aire,
y besaste el polvo dorado de la lágrima
y quedaste en el surco para siempre muerto.
¡oh guerreros malvados del combate!
en las aceras quedaron vuestros cuerpos,
bajo el dorado sauce vuestros uniformes,
y bajo vosotros la tierra, la voz del acero
y la sangre en saliva seca,
y los ojos que nacen fuera de la órbitas.
La muerte acuna tu barba ardiente,
tus pestañas quemadas, tu sangre evaporada.
Porque mujeres y hombres murieron bajo la furia desbocada.
José Cercas
"Del libro los versos de la ausencia y otras derrotas"
El hombre blandió el día de la sangre,
y el hombre de nuevo mato al hombre.
Agonía en las calles, en los barrios,
agonía en las tumbas abiertas
y en los pechos del hambre.
Vino el terror vestido de aire,
tuvo en el día la furia sus navajas afiladas.
Mujeres y hombres vinieron de la ira,
Llegaron desde los balcones, desde las azoteas,
desde las hojas verdes de la primavera.
Y ellos ¡Oh malvados guerreros hambrientos!
¡oh salvajes fieras del combate!
levantaron sus sables al viento y la sangre,
y el hombre volvió a matar al hombre.
¡oh malvados guerreros del combate!
Dueños que fueron de la longitud que esgrime el acero,
de las cabezas huérfanas que somete la tierra,
de la sangre que emana fueron los dueños.
Pero el ciudadano rompió la tierra con el puño del aire,
y besaste el polvo dorado de la lágrima
y quedaste en el surco para siempre muerto.
¡oh guerreros malvados del combate!
en las aceras quedaron vuestros cuerpos,
bajo el dorado sauce vuestros uniformes,
y bajo vosotros la tierra, la voz del acero
y la sangre en saliva seca,
y los ojos que nacen fuera de la órbitas.
La muerte acuna tu barba ardiente,
tus pestañas quemadas, tu sangre evaporada.
Porque mujeres y hombres murieron bajo la furia desbocada.
José Cercas
"Del libro los versos de la ausencia y otras derrotas"