carlos lopez dzur
Poeta que considera el portal su segunda casa
a Marcianita Echeandía Font, fallecida en 1968
Ella, como esperanza, fue lo más grato.
Lo único que quedaba, pero no lo quisimos.
Era un tabú decir su nombre.
Mejor ni imaginarla. ¡Era rebelde!
¡La hermana intrusa!
Ella, que jamás hizo daño,
a quien pocos han querido, a cuyos hijos
llamaron Angustia, Penuria, Apáticos de la miseria
en Maya, deformes de cuerpo marchito,
ropa sucia de lavaderos, malnacidos,
ella nos queda. Deuda de amor.
La Provocadora, la que viene al hombre
y dice, «Para la oreja, necio» que va a nacer
una doncella en Orleáns, como antes nació
la madre de un profeta y se llamó María,
Santa Virgen, vírgen santa,
así nacerá la primera Madre de Naciones Libres
y Juana adolescente y campesina
se vestirá de varón y será célibe
pero la van a examinar como a una perra.
Van a meterle dos o tres dedos por el ano.
La desnudarán y una pupila con lentes
escrutará el centro de su útero, van a oliscar
su clítoris hermoso, a dedear verificadoramente
su doncellez y, después los inquisidores avergonzados
dirán: «Puta no ha sido todavía,
ante la Iglesia y los Reyes de Francia
ella no miente; pero digan al Delfín:
«Es provocadora»; en su hermosura
ya tiene su pecado; oye las vanidades de su propio ego;
que se vista otra vez de mujer, haga mil penitencias y rece».
La Provocadora, la hermana que viene al hombre
y dice: «Para la oreja, necio», me dijo: «Nacerá
en la casa de Cecilio Echeandía, mi hermana
Marcianita, la dulce y sola, la alegre e impredecible
Marcianita y se pondrá a bailar ante los ojos
de aquellas sus hermanas en la carne, aquellas
creyentes en valores victorianos
y, por puritanería, pensarán
que ella baila como negra de los fundos algodoneros
del Sur Confederado y los puertos de Charlestone
y Marcianita se zafará de los corsettes apretados
y con ropa liviana, corta, suave, enseñará
los glúteos y a sus hermanas, las mujeres
de principios de siglo, sus hermanas en todos los rincones,
dirá lo que ya otras repiten en la tradición de Luisa Capetillo:
«Vota, participa, rebélate, produce,
habla por aquella Eride, la genuina y oscura,
que se silencia en los hiperespacios
o en lo profundo de la psiquis del hombre,
porque tu HERMANA es».
Ella, Marcianita, morirá y pocos irán
a decir adiós a sus huesos.
En un cajón de pobre se hundirá
en el hoyo su ataúd.
Es una visionaria comunista.
Es una feminista que ama a los pueblos
como si fuera la Urania-Eva-útero mismo
del Cosmos, pero nació despreciada
en la familia, profeta que en su tierra
causa escarnio, división.
Es Marcianita.
Pobre. Non grata.
Lo único que quedaba a la esperanza,
pero que nadie quiso y se fue,
Marcianita, la despreciada.
Del libro «Yo soy la muerte».
* La doctora Marcianita Echeandía Font, hija de una rica familia puertorriqueña, murió pobre, sin hogar, en las calles, donde fue prácticamente una pordiosera. Fue una víctima de la persecución política en los EE.UU., desde los días de las «cacerías de brujas» del McCarthysmo.
Ella se declaró abiertamente comunista, feminista, nacionalista albizuísta, partidaria de la independencia de la isla de Puerto Rico y fue fichada por el FBI para que no se le diera trabajo.
En la Universidad de New York, donde se doctoró y trabajó por algún tiempo, hizo importantes trabajos sobre las vitaminas y ayudó en la creación de una vacuna contra la poliomielitis. Murió a edad muy avanzada de una caída en las escalinatas de la Universidad de Puerto Rico, campus de Río Piedras. Su familia le despojó de la herencia de su padre, por ser rebelde y oponerse al coloniaje de los EE.UU. sobre Puerto Rico. Su familia fue una influyente familia en pro de la anexión de la isla a los Estados Unidos.
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