A mi gato misifu

Lorenzo Salamanca Garcia

Poeta fiel al portal
Hace un año quise adoptar una mascota​
y entró en mi vida, de pura casualidad.​
Entre un perro y un gato, me decidí por un minino:​
No implicaba salir a la calle cada dos por tres.​
En la Protectora me entregaron un gato​
que a la luz de la luna un basurero encontró,​
mientras recogía lo que la gente había tirado.​
En mi proceder de no dar nada por perdido,​
se hizo pronto un hueco.​
Su llegada a casa amenazó mi statu quo:​
Alguna gente me pedía que lo devolviera​
y no faltó quien dejó de venir a verme​
“mientras tengas su compañía”.​
Con el apoyo de mis hijos me sentí reconfortado:​
Por ellos me incline a cruzar el Rubicón.​
Según íbamos arrancando hojas del calendario,​
Misifu, que así le bautizamos,​
nos fue poniendo a todos de su lado.​
Un día cayó enfermo -una enfermedad terminal-​
y allí nos tuvo uno a uno –sin nada que alegar-,​
intentando tirar por el animal.​
Suero, pastillas y mucho afecto.​
Nos dimos por vencidos:​
Misifu se resignaba a sufrir sin lamentos.​
Rechazando debates absurdos sobre la vida y la muerte​
y deplorando el sufrimiento que deshidrata alma y cuerpo,​
le practicamos la Eutanasia​
como último gesto de afecto.​
Yace en un hoyo de una antigua escombrera:​
¡La muerte hermana el final con el principio!.​
Construimos una tumba anónima​
con una flor, muchas lagrimas y dos grandes piedras,​
cual dolmen que le protegiera durante su tránsito celestial:​
En la mitología, Misifu, descendería de la divinidad,​
pues no hay ser vivo que tenga las siete vidas de un gato,
aunque alguna dure poco rato.
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba