ana cristna
Poeta recién llegado
Desperte en mitad de la noche
y en ese instante supe,
que algo en mi vientre crecía.
Más que poco duró mi alegría,
al saber que no vivirias.
Fueron dás de sufrimiento,
de verdadera agonía.
El tiempo me dio una tregua,
que yo acepté con resignación y alegría.
Veintidós semana por delante,
para disfrutar juntas, mi niña.
Todos a mi alrededor callaban
pues nadie me entendía,
más yo seguía a lo mío,
que era disfrutarte, mi vida
pasaban volando los días.
Por mucho que rogaba y pedía,
los días no se detenían.
Y llegó lo que mas temía,
era el momento de la despedida.
Y como tu no querías salir,
y yo te retenía
los médicos decidieron por tí y por mí, mi niña.
Al despuntar la mañana me vinieron a buscar.
Un reo parecía,
que al paredón conducía.
Pasillos largos e intermnabes, tuvimos que atravesar,
mi agonía se alargaba,
pues de tí no me querá separar.
Yo me quería escapar,
mas ya no había marcha atrás.
Me depositaron en la cama,
de una habtación húmeda y fría,
me conectaron a no se cuántos cables,
para controlarlo todo, el médico decía.
La oxitocina fue tu verdugo,
que por mis venas inyectaron,
yo sufría en silencio,
nuestros últimos momentos.
Y tu vida se fué apagando,
y aunque yo aún no lo sabía,
tu corazón ya no latía.
La hora ya había llegadó,
empuja fuerte, me decían.
entretanto, a mi alrededor,
se formaba una algarabía,
pues todos querían ver,
al niño muerto, que nacía.
Yo no quería parir,
no lo pude soportar,
me tuvieron que dormir,
sólo quería morir.
cuado desperté, ya no estabas dentro de mí,
por la habitación te busqué,
y en tu cunita te encontré.
déjenmela coger,
repetía una y otra vez,
mientras un médico me gritaba,
esas cosas no se ven.
Y no pude ver tu carita,
ni acarciar tu piel,
ni olerte, siquiera pude,
para mí fué muy cruel.
Ya han pasado algunos años,
se suaviza el sufrimiento,
aunque yo siempre, mi niña,
te llevo en mi pensamiento.
Y por supuesto no hace falta decirte,
que en mi corazón, tenes un hueco
y en ese instante supe,
que algo en mi vientre crecía.
Más que poco duró mi alegría,
al saber que no vivirias.
Fueron dás de sufrimiento,
de verdadera agonía.
El tiempo me dio una tregua,
que yo acepté con resignación y alegría.
Veintidós semana por delante,
para disfrutar juntas, mi niña.
Todos a mi alrededor callaban
pues nadie me entendía,
más yo seguía a lo mío,
que era disfrutarte, mi vida
pasaban volando los días.
Por mucho que rogaba y pedía,
los días no se detenían.
Y llegó lo que mas temía,
era el momento de la despedida.
Y como tu no querías salir,
y yo te retenía
los médicos decidieron por tí y por mí, mi niña.
Al despuntar la mañana me vinieron a buscar.
Un reo parecía,
que al paredón conducía.
Pasillos largos e intermnabes, tuvimos que atravesar,
mi agonía se alargaba,
pues de tí no me querá separar.
Yo me quería escapar,
mas ya no había marcha atrás.
Me depositaron en la cama,
de una habtación húmeda y fría,
me conectaron a no se cuántos cables,
para controlarlo todo, el médico decía.
La oxitocina fue tu verdugo,
que por mis venas inyectaron,
yo sufría en silencio,
nuestros últimos momentos.
Y tu vida se fué apagando,
y aunque yo aún no lo sabía,
tu corazón ya no latía.
La hora ya había llegadó,
empuja fuerte, me decían.
entretanto, a mi alrededor,
se formaba una algarabía,
pues todos querían ver,
al niño muerto, que nacía.
Yo no quería parir,
no lo pude soportar,
me tuvieron que dormir,
sólo quería morir.
cuado desperté, ya no estabas dentro de mí,
por la habitación te busqué,
y en tu cunita te encontré.
déjenmela coger,
repetía una y otra vez,
mientras un médico me gritaba,
esas cosas no se ven.
Y no pude ver tu carita,
ni acarciar tu piel,
ni olerte, siquiera pude,
para mí fué muy cruel.
Ya han pasado algunos años,
se suaviza el sufrimiento,
aunque yo siempre, mi niña,
te llevo en mi pensamiento.
Y por supuesto no hace falta decirte,
que en mi corazón, tenes un hueco
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