Marcelo Pavón Suárez
Vasto
La veo dormir tranquila
al sur de mi mandíbula,
ella me acerca un soplido de ternura
y hace volar mi rabia
lejos…
Cuando duerme le salen ciudades de los labios,
yo le beso los edificios,
las terminales de ómnibus,
el hotel deshabitado,
las banderas que hacen movimientos
como de pulsaciones
sobre la noche en coma.
Cuando duerme estoy a solas
con mi vagón de pasajeros
amontonado en la niebla,
hasta los dioses desaparecen
como un sujeto tácito.
Cuando duerme hacen huelga
las bailarinas de las cajitas musicales,
el viento anda en pantuflas
y las hojas de los árboles se alejan
para no chocarse.
Cuando duerme
San Pedro aprieta “mute”
desde su control remoto meteorológico.
Lo único que está permitido
es la lluvia
y mejor si viene con un domingo de repuesto.
Cuando duerme
la luz de la luna entra cuerpo a tierra
por los orificios de la persiana
y le besa la eternidad.
© Todos los derechos reservados por el autor.
al sur de mi mandíbula,
ella me acerca un soplido de ternura
y hace volar mi rabia
lejos…
Cuando duerme le salen ciudades de los labios,
yo le beso los edificios,
las terminales de ómnibus,
el hotel deshabitado,
las banderas que hacen movimientos
como de pulsaciones
sobre la noche en coma.
Cuando duerme estoy a solas
con mi vagón de pasajeros
amontonado en la niebla,
hasta los dioses desaparecen
como un sujeto tácito.
Cuando duerme hacen huelga
las bailarinas de las cajitas musicales,
el viento anda en pantuflas
y las hojas de los árboles se alejan
para no chocarse.
Cuando duerme
San Pedro aprieta “mute”
desde su control remoto meteorológico.
Lo único que está permitido
es la lluvia
y mejor si viene con un domingo de repuesto.
Cuando duerme
la luz de la luna entra cuerpo a tierra
por los orificios de la persiana
y le besa la eternidad.
© Todos los derechos reservados por el autor.
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