Maria P Gallo
Poeta fiel al portal
A mi Padre
Padre mío, Padre bueno
Tú que me amas con empeño
Tus ojos nunca fueron de desdeño.
Padre mío, Padre amado
Tú que siempre me has guardado
Y a diario me has aconsejado.
Tú que miras desde el cielo
Tú conoces mis desvelos
Cuando fallo y cuando sueño.
Tú que estás tan cerca a diario conoces mi calendario
Mis tristezas y alegrías
Todas ellas compartidas, en tu presencia cariñosa
Más hermosa que una rosa
Más valiosa que la vida entera.
Si pudiera yo mirarte
Abrazarte entre mis brazos
Sostenerte entre mis pasos
Agarrarte fuertemente
Yo lo haría eternamente
Pues me sanas fácilmente.
Tú me sanas con tu risa
Tus sonrisas que acarician
Mi alma desmadejada
Fuertemente torturada
Por los golpes de la vida.
Diariamente fracasada
Fuertemente apuñalada
Me he sentido en el camino
Pero he aquí que en mi destino
Tus brazos son mis bastones
Tú fuerza mis pantalones
Tu palabra mi alimento
Esa que me da sustento
Cuando siento que perezco
Que mi cuerpo no responde
Que mis movimientos torpes me detienen en la arena.
Más tú quitas mis cadenas
Esas que atan mi alma
Con una mirada, una palabra
Que hace que mi alma esté serena
Y tenga confianza plena
Que si corro a mi destino
Y no desmayo en el camino
Veré tu alma sonriente
Esa cara resplandeciente de mi Padre cuando gano
Cuando clamo, cuando llamo
Cuando no me dejo vencer
Aunque venga el atardecer
Y me sienta desfallecer.
Padre mío, Padre bueno
Tú que me amas con empeño
Tus ojos nunca fueron de desdeño.
Padre mío, Padre amado
Tú que siempre me has guardado
Y a diario me has aconsejado.
Tú que miras desde el cielo
Tú conoces mis desvelos
Cuando fallo y cuando sueño.
Tú que estás tan cerca a diario conoces mi calendario
Mis tristezas y alegrías
Todas ellas compartidas, en tu presencia cariñosa
Más hermosa que una rosa
Más valiosa que la vida entera.
Si pudiera yo mirarte
Abrazarte entre mis brazos
Sostenerte entre mis pasos
Agarrarte fuertemente
Yo lo haría eternamente
Pues me sanas fácilmente.
Tú me sanas con tu risa
Tus sonrisas que acarician
Mi alma desmadejada
Fuertemente torturada
Por los golpes de la vida.
Diariamente fracasada
Fuertemente apuñalada
Me he sentido en el camino
Pero he aquí que en mi destino
Tus brazos son mis bastones
Tú fuerza mis pantalones
Tu palabra mi alimento
Esa que me da sustento
Cuando siento que perezco
Que mi cuerpo no responde
Que mis movimientos torpes me detienen en la arena.
Más tú quitas mis cadenas
Esas que atan mi alma
Con una mirada, una palabra
Que hace que mi alma esté serena
Y tenga confianza plena
Que si corro a mi destino
Y no desmayo en el camino
Veré tu alma sonriente
Esa cara resplandeciente de mi Padre cuando gano
Cuando clamo, cuando llamo
Cuando no me dejo vencer
Aunque venga el atardecer
Y me sienta desfallecer.