Magdalena Flores Arocena
Poeta recién llegado
A Mi Padre
Al encontrarnos por primera vez
aquel azul profundo de tus ojos de zafiro
silenció en un gran respiro
el llanto aturdido de bebé recién nacido.
En tu mesa de arquitecto
mi cuerpo diseñaste en tus rincones.
Las curvas de tus planos
fueron alguna de mis expresiones.
En mi memoria ningún camino
lleva a tu ausencia.
Un caluroso día de enero
vi a tu alma llover.
Desahuciados eran tus pasos
resignado y callado
acribillado pero bien parado
agujereado como un colador
haciendo agua en un mar eterno…
Ese eras vos.
Encallado en culpas y recuerdos,
fondeado en una bahía ya sin viento
gritabas con tu voz fatigada
ya casi en silencio:
¡el timonel navega entre los cielos!
Y otra vez
tu mirada se perpetuó en mi ser.
Paralizados
por la falta de entendimiento
nos tomamos del brazo
y salimos a recorrer
el funeral y su calvario.
Tú abriste mi puerta
y dijiste que saliera a volar
y que no tuviera miedo:
cuanto más alto y más lejos
más cerca de mi te encontrarás.
Mis pasos son tus huellas.
Soy la sombra de tus maquetas.
Las curvas en tus casas
son en el papel mis letras.
A veces me dejo ir
y otras veces tú venís hacia mí.
Como en Peter Pan
la sombra sigue su propio devenir.
Tu amor
duro y firme como una piedra
no permite lamentos por mis miserias.
Tu amor
cargado de fuerza y pasión
alargó mis piernas
para correr tras la ilusión,
inyectó sangre en mis arterias
para ser quien soy.
Con tu boca abierta de sol a sol
plagada de carcajadas
me enseñaste el sentido del humor.
Viajando por mi libertad
distinguí claramente
el bien y el mal,
y una tarde de tantas
me presentaste a la moral.
Tu cuerpo algún día nos dejará
Pero tu amor seguirá navegando
en cada gota de mi corazón.
Tu nombre es largo y con rima.
De ti admiro tu fuerza en la creación
la fé inquebrantable en tu opinión
el caos casi volcánico
que irrumpe en tu emoción.
Tu cuerpo algún día nos dejará
y tus huesos uno a uno
los devolveré al mar,
donde el timonel los depositará
en su eternidad.
Mis ojos ciegos en ésta tierra
son linces de la oscuridad
Mis ojos no dejarán de verte jamás.
Dedicado a mi padre Samuel Flores Flores
Al encontrarnos por primera vez
aquel azul profundo de tus ojos de zafiro
silenció en un gran respiro
el llanto aturdido de bebé recién nacido.
En tu mesa de arquitecto
mi cuerpo diseñaste en tus rincones.
Las curvas de tus planos
fueron alguna de mis expresiones.
En mi memoria ningún camino
lleva a tu ausencia.
Un caluroso día de enero
vi a tu alma llover.
Desahuciados eran tus pasos
resignado y callado
acribillado pero bien parado
agujereado como un colador
haciendo agua en un mar eterno…
Ese eras vos.
Encallado en culpas y recuerdos,
fondeado en una bahía ya sin viento
gritabas con tu voz fatigada
ya casi en silencio:
¡el timonel navega entre los cielos!
Y otra vez
tu mirada se perpetuó en mi ser.
Paralizados
por la falta de entendimiento
nos tomamos del brazo
y salimos a recorrer
el funeral y su calvario.
Tú abriste mi puerta
y dijiste que saliera a volar
y que no tuviera miedo:
cuanto más alto y más lejos
más cerca de mi te encontrarás.
Mis pasos son tus huellas.
Soy la sombra de tus maquetas.
Las curvas en tus casas
son en el papel mis letras.
A veces me dejo ir
y otras veces tú venís hacia mí.
Como en Peter Pan
la sombra sigue su propio devenir.
Tu amor
duro y firme como una piedra
no permite lamentos por mis miserias.
Tu amor
cargado de fuerza y pasión
alargó mis piernas
para correr tras la ilusión,
inyectó sangre en mis arterias
para ser quien soy.
Con tu boca abierta de sol a sol
plagada de carcajadas
me enseñaste el sentido del humor.
Viajando por mi libertad
distinguí claramente
el bien y el mal,
y una tarde de tantas
me presentaste a la moral.
Tu cuerpo algún día nos dejará
Pero tu amor seguirá navegando
en cada gota de mi corazón.
Tu nombre es largo y con rima.
De ti admiro tu fuerza en la creación
la fé inquebrantable en tu opinión
el caos casi volcánico
que irrumpe en tu emoción.
Tu cuerpo algún día nos dejará
y tus huesos uno a uno
los devolveré al mar,
donde el timonel los depositará
en su eternidad.
Mis ojos ciegos en ésta tierra
son linces de la oscuridad
Mis ojos no dejarán de verte jamás.
Dedicado a mi padre Samuel Flores Flores