Fue una tarde de muerte
En la que perdí tu rastro.
Me querías.
Te quise.
Una mano, deslizada en mi hombro
Esculpió para siempre
Tu recuerdo.
Ahora que el raciocinio me acobarda
Te añoro como algo muy mío.
Quizás entonces no supe,
En aquella lejana adolescencia
De hormonas amotinadas,
De caminos a medio descifrar;
Que tú, carne de mi carne
Y sangre de mi alma,
Contenías la sabiduría
Que hoy en día, a mí me falta.
Lo siento, padre,
Hoy, a cien mil años luz de tu ausencia
Quiero darte las gracias.
Hace muchos años que tú y yo
Ya no tenemos charlas.
Que pena, no ver en tus ojos,
Las alegrías de todos tus nietos.
Me reitero y reafirmo: Gracias.
En la que perdí tu rastro.
Me querías.
Te quise.
Una mano, deslizada en mi hombro
Esculpió para siempre
Tu recuerdo.
Ahora que el raciocinio me acobarda
Te añoro como algo muy mío.
Quizás entonces no supe,
En aquella lejana adolescencia
De hormonas amotinadas,
De caminos a medio descifrar;
Que tú, carne de mi carne
Y sangre de mi alma,
Contenías la sabiduría
Que hoy en día, a mí me falta.
Lo siento, padre,
Hoy, a cien mil años luz de tu ausencia
Quiero darte las gracias.
Hace muchos años que tú y yo
Ya no tenemos charlas.
Que pena, no ver en tus ojos,
Las alegrías de todos tus nietos.
Me reitero y reafirmo: Gracias.