Juno
Poeta que considera el portal su segunda casa

¡Qué curioso, madre!, que siendo cimiento
se nieguen los versos a ser argamasa,
que suene tan vacua, sin pulso el acento,
la letra en silencio que al alma acompasa
y arrime a tu espalda mi firme lamento,
la pena y el miedo que vuelve mordaza
aquellas palabras prendidas al viento
rogando a los cielos del tiempo coraza.
¡Qué tortura, madre! sentir como siento
ciñendo mi pecho su férrea tenaza
al ver que se apaga quizás el aliento
que siempre aparejo veló mi barcaza...
y enhebro baladas al cruel sotavento
que aleja tu puerto y apaga la brasa
de la alta atalaya, tornándose argento
el hilo que negro nimbó tu carcasa.
¡Qué evidente, madre!, saber que mi vida
tan sólo en tu orilla encuentra sentido,
calor y cobijo... mas temo la herida,
que allá en tu yacija, me deje el latido
muriendo contigo, la risa envestida
en sombra de cimbras y el júbilo infido
al ciego destino. Pues es tu partida
el llanto que afina mi juicio perdido.