elseneka
Poeta fiel al portal
Me marcho, amigos. La vida lo decide.
Y el dejaros aumenta mi castigo.
Vosotros os quedáis, que aquí nacisteis,
pero en mi corazón vendréis conmigo.
Haced de valedores y notarios
de lo que dejo y de lo que me llevo.
Cuidad de ellos, les seréis necesarios
cuando de sus ojos se desprenda el velo.
Aquí van a seguir, por muchos años,
los bancos, los caminos, las adelfas,
los verdes aligustres y los sauces.
No van a fenecer con mi partida,
pero no los tendré ya como míos,
sólo podré venir a visitarlos
como a viejos, callados, compañeros
de los que, el devenir de la existencia,
me apartó un día, sin yo querer dejarlos.
Sí, seguirán teniendo, cada uno,
la vida y las historias que les di.
Un nombre y una imagen cada árbol,
un recuerdo cada paso del camino;
un tiempo de impaciencia, una tristeza,
algunas, aunque pocas, alegrías,
cada joven castaño, cada pino.
Los vi plantar, crecer, echar raíces.
Hablé y me hablaron con su voz callada,
supieron de mis sueños y mis miedos,
y de mis esperanzas infundadas.
Hoy he de despedirme, y algo mío
quedará entre sus tierras y sus ramas
para esperar, con ellos, el momento
en que pueda volver para abrazarlas.
Fuiste más mío que de los demás
porque yo te he querido con el alma,
te he contado todos mis secretos
y tú me has dado comprensión y calma,
lo que se espera siempre de un amigo.
Por ti fui un poco menos solitario
y con la voz y el corazón te digo:
Adiós mi viejo, mi querido barrio.
Copyright José Luis Bermejo (El Seneka)
elseneka@hotmail.com
Y el dejaros aumenta mi castigo.
Vosotros os quedáis, que aquí nacisteis,
pero en mi corazón vendréis conmigo.
Haced de valedores y notarios
de lo que dejo y de lo que me llevo.
Cuidad de ellos, les seréis necesarios
cuando de sus ojos se desprenda el velo.
Aquí van a seguir, por muchos años,
los bancos, los caminos, las adelfas,
los verdes aligustres y los sauces.
No van a fenecer con mi partida,
pero no los tendré ya como míos,
sólo podré venir a visitarlos
como a viejos, callados, compañeros
de los que, el devenir de la existencia,
me apartó un día, sin yo querer dejarlos.
Sí, seguirán teniendo, cada uno,
la vida y las historias que les di.
Un nombre y una imagen cada árbol,
un recuerdo cada paso del camino;
un tiempo de impaciencia, una tristeza,
algunas, aunque pocas, alegrías,
cada joven castaño, cada pino.
Los vi plantar, crecer, echar raíces.
Hablé y me hablaron con su voz callada,
supieron de mis sueños y mis miedos,
y de mis esperanzas infundadas.
Hoy he de despedirme, y algo mío
quedará entre sus tierras y sus ramas
para esperar, con ellos, el momento
en que pueda volver para abrazarlas.
Fuiste más mío que de los demás
porque yo te he querido con el alma,
te he contado todos mis secretos
y tú me has dado comprensión y calma,
lo que se espera siempre de un amigo.
Por ti fui un poco menos solitario
y con la voz y el corazón te digo:
Adiós mi viejo, mi querido barrio.
Copyright José Luis Bermejo (El Seneka)
elseneka@hotmail.com