La Sexorcisto
Lluna V. L.
¡Qué se abra esta puerta!
Y esta otra
y la de más allá.
Las cenizas suspendidas
con olor a fuego invernal
se dispersen de una vez
para que pueda despojarme
desnudarme
volver a mover mis gestos faciales
de rostro de hielo himalayo caído en alud.
¡Necia del maizal perdido!
¿Dónde te encontrabas?
En tu laberinto de algoritmos
a la zozobra de los impulsos
como hilera de crustáceos en tierra quemada
allá estaba el ocaso de rojizo hierro.
Sin el tiempo bastardo
para poder verte a vista de pájaro
cuervo o paloma
porque la sustancia se plastifica
para el que quiere olvidarse.
¡Niña de letras perdidas!
La percepción fue dura
trigo de piedra
errática madre esquiva
sin ubres que ofrecer.
Cruzar la playa del ébano líquido
a huellas traseras de perra famélica
palmeras en llamas
sangre que hierve
y a voz de tormenta gritar:
¡Basta ya!
¡Cerrojos oxidados caigan a trozos!
Porque estos dedos necesitan
el pulso de la palabra
malear la abisal conjunción
de lo que daba por perdido
entre pagodas draconianas abatidas.
¡Al fin me reconozco!
Y esta otra
y la de más allá.
Las cenizas suspendidas
con olor a fuego invernal
se dispersen de una vez
para que pueda despojarme
desnudarme
volver a mover mis gestos faciales
de rostro de hielo himalayo caído en alud.
¡Necia del maizal perdido!
¿Dónde te encontrabas?
En tu laberinto de algoritmos
a la zozobra de los impulsos
como hilera de crustáceos en tierra quemada
allá estaba el ocaso de rojizo hierro.
Sin el tiempo bastardo
para poder verte a vista de pájaro
cuervo o paloma
porque la sustancia se plastifica
para el que quiere olvidarse.
¡Niña de letras perdidas!
La percepción fue dura
trigo de piedra
errática madre esquiva
sin ubres que ofrecer.
Cruzar la playa del ébano líquido
a huellas traseras de perra famélica
palmeras en llamas
sangre que hierve
y a voz de tormenta gritar:
¡Basta ya!
¡Cerrojos oxidados caigan a trozos!
Porque estos dedos necesitan
el pulso de la palabra
malear la abisal conjunción
de lo que daba por perdido
entre pagodas draconianas abatidas.
¡Al fin me reconozco!