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A Miguel Hernández 3 (ruinas de otra guerra civil)

La Sexorcisto

Lluna V. L.
Cielo negro. Sombras permanentes.

Ojos alquitranados. Cristales del horror.

Sonámbulos de sangre. Fiebre.

Avenida de

chatarra

ruinas

restos

calma entrampada

un cartel de dirección medio descolgado

chirría

letanía inerte

ceniza medio suspendida

manto de formas volátiles

acechadoras

avanzando entre la decadencia

bloques de edificios

combados

destrozados

monolitos imposibles

caídos

arquitectura desesperanzada

tierra quemada

en busca

de un ocaso

de una risa fija

cuando hay que reír

para no

despeñarse

mutilarse

traicionarse

acercándose a los límites que te sujetan

cuando eres demasiado flaca y volátil

para no salir despedida por el chantaje de la locura espejo

incerteza como una tonelada de sapos cornudos.



Desde aquí dentro

la torre se alza demasiado alta y doblada

con penuria de sueño calcinado

sin saber por qué me encontré raquítica

en esta miseria condescendiente

arruinada para siempre

culpando al aire sordo

siendo la destrucción total

la quebrada para deambular

más efímera que una perra cascada.

¿Qué hay que ver?

Ni tan siquiera mi sombra devuelta por sucios muros

que se alzan sin sentido en medio de lo caído.

¿El cielo?

No se distingue de la tierra gris

¿Hay noche?

Y si no la hay

me la imagino

con estrellas de cinco puntas

y lunas cuadradas

¡La hora radioactiva!

Mi propia guerra civil.
 
Cielo negro. Sombras permanentes.

Ojos alquitranados. Cristales del horror.

Sonámbulos de sangre. Fiebre.

Avenida de

chatarra

ruinas

restos

calma entrampada

un cartel de dirección medio descolgado

chirría

letanía inerte

ceniza medio suspendida

manto de formas volátiles

acechadoras

avanzando entre la decadencia

bloques de edificios

combados

destrozados

monolitos imposibles

caídos

arquitectura desesperanzada

tierra quemada

en busca

de un ocaso

de una risa fija

cuando hay que reír

para no

despeñarse

mutilarse

traicionarse

acercándose a los límites que te sujetan

cuando eres demasiado flaca y volátil

para no salir despedida por el chantaje de la locura espejo

incerteza como una tonelada de sapos cornudos.



Desde aquí dentro

la torre se alza demasiado alta y doblada

con penuria de sueño calcinado

sin saber por qué me encontré raquítica

en esta miseria condescendiente

arruinada para siempre

culpando al aire sordo

siendo la destrucción total

la quebrada para deambular

más efímera que una perra cascada.

¿Qué hay que ver?

Ni tan siquiera mi sombra devuelta por sucios muros

que se alzan sin sentido en medio de lo caído.

¿El cielo?

No se distingue de la tierra gris

¿Hay noche?

Y si no la hay

me la imagino

con estrellas de cinco puntas

y lunas cuadradas

¡La hora radioactiva!

Mi propia guerra civil.
Los resto de esa guerra que dejo tomos de esencias perdidas. la vida aquella
imaginandola en las proximidades de los efectos de la destruccion.
me ha gustado mucho. saludos de luzyabsenta
 
Bueno ahí está un pequeño tributo con todos los respetos a mi manera a este pedazo de poeta, cuya figura trágica me fascinó y obsesionó en su día. Iré subiendo estos antiguos poemas poco a poco.
 

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