HUGO OTERO
Poeta recién llegado
El niño en el lecho
cargaba su agonía
en gotas de silencio
el tiempo se escapaba.
Su cuerpo frágil
apenas se movía
y el rostro de la madre,
colmaba su mirada.
Sus labios intentaron
un tenue movimiento
y con voz casi inaudible
y plena de lamento,
a ella preguntó.
¿Dónde van los niños muertos?
La mujer ya resignada
miró a su hijo.
E inclinándose lo beso en la frente,
nada dijo.
Mientras, su alma a Dios suplicaba.
¡Señor!
Ponle alas.
cargaba su agonía
en gotas de silencio
el tiempo se escapaba.
Su cuerpo frágil
apenas se movía
y el rostro de la madre,
colmaba su mirada.
Sus labios intentaron
un tenue movimiento
y con voz casi inaudible
y plena de lamento,
a ella preguntó.
¿Dónde van los niños muertos?
La mujer ya resignada
miró a su hijo.
E inclinándose lo beso en la frente,
nada dijo.
Mientras, su alma a Dios suplicaba.
¡Señor!
Ponle alas.