Raul Matas Sanchez
Poeta adicto al portal
A veces sorprendo los ojos de tus días, se levantan con sorpresa,
curiosidad, mucha hidalguía,
me enfrentan en la puerta de la cocina,
me miran a oscuras y comienzo a seducirte,
sin manos, sin decirte, sin mostrarte, sin callarte,
y corres hasta el fondo de los suelos,
te incorporas y preguntas algo al vuelo, algo parecido a una pregunta,
a un destierro, a un cordial saludo de mañana,
y tus manos se mueven sigilosas, pensando las marañas de tu invento,
de tu piel, de esa piel que se vuelve gruesa y miel,
y me dice y me espera, y se va y ya no vuelve, y se vuelve hiel,
y sangre,
y días, y noches, y me envuelve al despertar y me enciende al anochecer,
que el silencio se convierte en nuestro amigo, en el cómplice oscuro de la noche,
en tu espejo,
en el último reflejo de tus ruegos, de tus ruegos silentes y mis brazos,
esos brazos que corren a alcanzarte, que te nublan la vista en tantos lazos,
con los ojos fijos en mi espalda,
el consorte repleto de certezas,
certezas repletas de recetas,
de tretas,
de emociones enteras y discretas,
de piel que se encoge en la caricia,
en la tibia mención de mi avaricia,
mi avaricia por tu amor, que es solo mío,
en el tibio resplandor de tus paisajes,
tus viajes,
tus trajes,
tu singular desenvoltura,
tus paisajes.
curiosidad, mucha hidalguía,
me enfrentan en la puerta de la cocina,
me miran a oscuras y comienzo a seducirte,
sin manos, sin decirte, sin mostrarte, sin callarte,
y corres hasta el fondo de los suelos,
te incorporas y preguntas algo al vuelo, algo parecido a una pregunta,
a un destierro, a un cordial saludo de mañana,
y tus manos se mueven sigilosas, pensando las marañas de tu invento,
de tu piel, de esa piel que se vuelve gruesa y miel,
y me dice y me espera, y se va y ya no vuelve, y se vuelve hiel,
y sangre,
y días, y noches, y me envuelve al despertar y me enciende al anochecer,
que el silencio se convierte en nuestro amigo, en el cómplice oscuro de la noche,
en tu espejo,
en el último reflejo de tus ruegos, de tus ruegos silentes y mis brazos,
esos brazos que corren a alcanzarte, que te nublan la vista en tantos lazos,
con los ojos fijos en mi espalda,
el consorte repleto de certezas,
certezas repletas de recetas,
de tretas,
de emociones enteras y discretas,
de piel que se encoge en la caricia,
en la tibia mención de mi avaricia,
mi avaricia por tu amor, que es solo mío,
en el tibio resplandor de tus paisajes,
tus viajes,
tus trajes,
tu singular desenvoltura,
tus paisajes.