Buenas noches poetisa.
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Deshojando margaritas en la noche
cuentan sus amores,
con besos encadenados
viandantes de mensajes,
hilos anudados,
torcidos en las ruecas del alma,
invulnerables a las tormentas
y a las oscilaciones de las probabilidades.
Obedeciendo al instinto,
trazan igual línea sobre el confín elíptico
al menguar el brillo de la jornada,
nadie objeta, no aplica resistencia
si el vértice se halla a la mitad, de la espera.
En los sagrados recintos de cuadros no tridimensionales
se quebrantan las leyes de la matemática materia,
códigos secretos en alfabetos propios
con gramáticas vivas
a la conjugación de verbos,
por ello,
no es necesario encender las veladoras
si refulgen las pupilas
en el ónix de las noches.