Solaribus
Poeta veterano en el portal
Voy caminando descalzo entre tus piedras,
tu dulce camino integrador de pueblos.
Siento la tierra como solías sentirla
y en el alma comprendiendo todo el cielo.
La lluvia se hace río bajo el suelo
y aún ofrecen vida tus canales de riego.
Y sé que es cierto lo que cuentan de ti
y que fiel a tu nombre
cambiaste el rumbo de la tierra
siguiendo el sendero de tus sueños.
Y sacrificando la lanza para hacer un arado
trocaste el grito de guerra en un canto de cosecha.
Que alimentaste al anciano con amor de niño
porque miraste el universo con tus ojos de estrella.
Y tus manos de greda húmeda de lágrimas
enseñaron el arte del amor
hecho de semilla cierta.
Cierro, de cara al viento,
mis ojos de extranjero
sintiendo el perfume de tu sangre
enamorada del sol y del sosiego de tus nubes
para venir como en plegaria a suplicarte
que surja entre tus hijos la simiente
que repita lo antiguo en lo nuevo.
Vengo a inquietar tu dormitar de siglos
para pedirte lo que ya nadie pide
como una Gracia que ya nadie implora:
El conocimiento de la vida
en dulces frutos de bondad y mansedumbre,
en unas manos que dignifiquen la mirada
hecha jirones de tu pueblo.
Y que regrese a los corazones
el arte del amor hacia todas las cosas.
Que al pisar descalzos tu hierba
y tus escaleras de piedra
tu espíritu de cóndor libertario
espante al sicario y al que vende lo ajeno.
Grita conmigo tu canto antiguo de cosecha
para que toda la etnia reviva en tu voz.
Y el cielo y la tierra unidos,
de sol y de montaña,
canten el triunfo final de tu sangre derramada,
tu sangre enamorada de guerrero.
tu dulce camino integrador de pueblos.
Siento la tierra como solías sentirla
y en el alma comprendiendo todo el cielo.
La lluvia se hace río bajo el suelo
y aún ofrecen vida tus canales de riego.
Y sé que es cierto lo que cuentan de ti
y que fiel a tu nombre
cambiaste el rumbo de la tierra
siguiendo el sendero de tus sueños.
Y sacrificando la lanza para hacer un arado
trocaste el grito de guerra en un canto de cosecha.
Que alimentaste al anciano con amor de niño
porque miraste el universo con tus ojos de estrella.
Y tus manos de greda húmeda de lágrimas
enseñaron el arte del amor
hecho de semilla cierta.
Cierro, de cara al viento,
mis ojos de extranjero
sintiendo el perfume de tu sangre
enamorada del sol y del sosiego de tus nubes
para venir como en plegaria a suplicarte
que surja entre tus hijos la simiente
que repita lo antiguo en lo nuevo.
Vengo a inquietar tu dormitar de siglos
para pedirte lo que ya nadie pide
como una Gracia que ya nadie implora:
El conocimiento de la vida
en dulces frutos de bondad y mansedumbre,
en unas manos que dignifiquen la mirada
hecha jirones de tu pueblo.
Y que regrese a los corazones
el arte del amor hacia todas las cosas.
Que al pisar descalzos tu hierba
y tus escaleras de piedra
tu espíritu de cóndor libertario
espante al sicario y al que vende lo ajeno.
Grita conmigo tu canto antiguo de cosecha
para que toda la etnia reviva en tu voz.
Y el cielo y la tierra unidos,
de sol y de montaña,
canten el triunfo final de tu sangre derramada,
tu sangre enamorada de guerrero.
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