Josimar Moran
Poeta fiel al portal
Te he buscado
en mil rostros, mil sueños diferentes
y he encontrado
la sombra de un pasado inexistente
que me llama
desde el olvido con voz decadente
y reclama
por aquel beso que perdí. . . al perderte.
Soledad
que me asfixia crónica y lentamente
en la edad
del verso que murió inefablemente
aquel día
que en secreta entrega exploré tu vientre
y fue mía
la infame huella que marcó tu simiente.
Fui cobarde
me exilié de un lucero en mi horizonte
y hoy ya es tarde
porque clamo al cielo y no me responde
pues sin tí
mi futuro en el silencio se esconde
y de ahí
veo mis pasos que van no se adonde.
Y otra vez
despierto en la inconsciencia del dolor
que en mi ayer
me mostró su falso rostro de amor
pretendiendo
brindarme la ansiada felicidad
mas robando
de mi alma la inocencia y la verdad.
Te fallé
me confundí en un mar de sentimientos,
me alejé
y te dejé los momentos violentos
de un amor
con el que te causé mil sufrimientos
y el dolor
de verte perdida en mis pensamientos.
Mas ahora
la vida me presenta la factura
por la aurora
que vio verterse toda tu amargura
y en una hora
languidecer de tajo tu hermosura,
la que otrora
ingenua me entregaras con ternura.
Hoy te pido:
dondequiera te encuentres me perdones
porque he sido
prisionero de mis propios errores
y he vivido
buscando tu piel en otros amores
mas rendido
bebo el amargo de mis decepciones.
¡Ya no más!
Aparta de mí el eterno suplicio:
Tú no estás
y te veo en cada rostro que pasa
pues jamás
a mi conciencia le puse mordaza
y además
pensar en tí ha sido mi mayor vicio.
Y al final
el perdón que sumiso al cielo imploro
es lograr
de tu boca el beso con que podría
mitigar
la sed de tí que aumenta en la agonía
sin igual
de saber lo mucho que aún te adoro
a pesar
que ya ni en mis sueños podrás ser mía. . .
(Septiembre 25, 28 y 29 de 2009)
en mil rostros, mil sueños diferentes
y he encontrado
la sombra de un pasado inexistente
que me llama
desde el olvido con voz decadente
y reclama
por aquel beso que perdí. . . al perderte.
Soledad
que me asfixia crónica y lentamente
en la edad
del verso que murió inefablemente
aquel día
que en secreta entrega exploré tu vientre
y fue mía
la infame huella que marcó tu simiente.
Fui cobarde
me exilié de un lucero en mi horizonte
y hoy ya es tarde
porque clamo al cielo y no me responde
pues sin tí
mi futuro en el silencio se esconde
y de ahí
veo mis pasos que van no se adonde.
Y otra vez
despierto en la inconsciencia del dolor
que en mi ayer
me mostró su falso rostro de amor
pretendiendo
brindarme la ansiada felicidad
mas robando
de mi alma la inocencia y la verdad.
Te fallé
me confundí en un mar de sentimientos,
me alejé
y te dejé los momentos violentos
de un amor
con el que te causé mil sufrimientos
y el dolor
de verte perdida en mis pensamientos.
Mas ahora
la vida me presenta la factura
por la aurora
que vio verterse toda tu amargura
y en una hora
languidecer de tajo tu hermosura,
la que otrora
ingenua me entregaras con ternura.
Hoy te pido:
dondequiera te encuentres me perdones
porque he sido
prisionero de mis propios errores
y he vivido
buscando tu piel en otros amores
mas rendido
bebo el amargo de mis decepciones.
¡Ya no más!
Aparta de mí el eterno suplicio:
Tú no estás
y te veo en cada rostro que pasa
pues jamás
a mi conciencia le puse mordaza
y además
pensar en tí ha sido mi mayor vicio.
Y al final
el perdón que sumiso al cielo imploro
es lograr
de tu boca el beso con que podría
mitigar
la sed de tí que aumenta en la agonía
sin igual
de saber lo mucho que aún te adoro
a pesar
que ya ni en mis sueños podrás ser mía. . .
(Septiembre 25, 28 y 29 de 2009)
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