Es indudable que estas bien documentado.
Me tomo la libertad de poner aquí mi modesto escrito sobre el mismo tema:
MALDITOS ASESINOS
Malditos los asesinos
que no dudan en matar
a sus buenos enemigos
por codiciar destacar
entre su misma calaña
para todo abanderar.
Destruyen todas ciudades
con los niños y mujeres
ayudados por los yanquis
y por otros luciferes.
El país que no de acuerdos
con sus tácticas guerreras
lo denigran y le cortan
diplomacias y fronteras.
Y los estados cobardes
que lamen al que es más fuerte;
con universal derecho
se mantienen tan inertes,
deberían de dudar
sobre su posible suerte.
Ni orden de detención
de universales fiscales
no consiguen detener
a esos dos criminales.
Y después a cabezazos,
con vaivén titiritero,
en Muro Lamentaciones
rompen el negro sombrero
los de los tirabuzones.
Un abrazo y a denunciar para que la gente no se duerma.
Castro.
Gracias por el poema y leelo bien porque hay un par de versos que tienes que arreglar aunque me parece que ya lo sabes.
La información sobre el asunto de la denuncia que ha puesto Sudáfrica está sacado de la prensa chilena. En cuanto al lo de los bombardeos es parte de un libro que escribí hace años con más de 500 páginas y que trata sobre las víctimas de la guerra civil española. Publicar aquí tantas páginas me parece imposible porque me llevaría muchísimo tiempo pero te voy a dejar un trocito sobre los curas asesinados o encarcelados durante la guerra por los fascistas.
En Amorebieta, el 19 de mayo de 1937, el padre superior del convento de los carmelitas aita Román, sobrenombre de León Urtizaga Elezburu, fue fusilado acusándole de nacionalista y le robaron una buena cantidad de dinero. En la prensa traidora dijeron que lo habían matado los rojos y a la Orden Carmelita le mintieron diciendo que era un espía.
El padre José Julve Hernández, que era párroco de Torralba de los Siones, fue arrestado a causa de su parentesco con un alcalde del Frente Popular.
El párroco carlista de Calamocha, Francisco Jaime Cantín, fue fusilado en Teruel tras una trama de venganzas personales entre fascistas.
El párroco de Los Corrales, José Pascual Duaso, fue asesinado por tres falangistas y uno de ellos, Antonio Ordás Borderías, era exalcalde del pueblo durante la República y exmiembro del Partido Radical Socialista. Lo cierto es que el sacerdote era de ideas liberales y había apoyado a los jornaleros en sus demandas anteriores a la guerra además de condenar posteriormente la represión falangista. Ordás, que odiaba a Duaso, urdió una falsa trama en la que implicaba al sacerdote en un plan para eliminar derechista y como "falangista de nuevo cuño" le asesinó junto a otros dos canallas.
El padre Andrés Ares Díaz, párroco de Val de Xestoso en A Coruña, murió a manos de un grupo de falangistas y guardias civiles tras ser fusilado en el cementerio de la aldea de Barallobre por negarse a entregar a los traidores la colecta para la fiesta de los remedios. A su vez el padre Antonio Casas, que había confesado a su compañero Ares Díaz en Barallobre, intentó parar las matanzas en su parroquia. Casas fue interrogado en varias ocasiones pero eludió el arresto y la muerte gracias a que el cardenal Gomá había protestado por la ejecución de curas vascos a manos de rebeldes a instancias del jefe del Gobierno Autónomo Vasco José Antonio Aguirre.
El padre José Aritztimuño, conocido como Aitzol, fue fusilado en el cementerio de Hernani por traidores carlistas.
Los rebeldes asesinaron a un total de dieciséis curas en el País Vasco y encarcelaron y torturaron a muchos más. Uno de ellos, Celestino Zuloaga Onaindia, fue asesinado por ser hermano del canónigo de la catedral de Valladolid Alberto Onaindia y amigo de José Antonio Aguirre.
El padre Joaquín Iturricastillo fue ejecutado acusado de ser un nacionalista peligroso.
Entre los prisioneros apresados en Santoña había 81 sacerdotes del Cuerpo de Capellanes de la Armada Vasca, les cayeron sentencias de entre tres y treinta años. Victoriano Muruaga era uno de estos capellanes, estuvo el el campo de concentración de San Pedro de Cardeña y fue condenado a trabajos forzados.
El 20 de noviembre de 1937 el gobernador militar de Guipúzcoa, Alfonso Velarde, escribió al vicario general de Vitoria exigiendo el castigo enérgico de los párrocos nacionalistas. La carta iba acompañada de una lista de 189 curas a los que había dividido en tres categorías; exaltados, nacionalistas y simpatizantes. En otra lista se enumeraba a 90 sacerdotes que, presuntamente, pertenecían al Partido Nacionalista Vasco. Tras algunas disputas entre las autoridades militares y eclesiásticas se acordó una purga del clero guipuzcoano en la que 24 curas debían ser expulsados de la provincia, 31 exiliados de España, 13 trasladados y 44 encarcelados.
No escribo más porque ya es suficiente, sólo voy a citar los nombres de otros curas asesinados por los fascistas.
José Ignacio Peñagaricano fue fusilado.
Celestino Onaindia Zuloaga fue fusilado.
Alejandro Mendicute Olazabal fue fusilado.
Martín Lecuona Echabeguren fue fusilado.
Jorge Iturricastillo Aranzabal fue fusilado.
Leonardo Guridi Olaso fue fusilado.
José Joaquín Arín Oyarzabal fue fusilado.
Gervasio Albisu Bidaur fue fusilado.
José Adarra Larburu fue fusilado.
Esto llenaría unas dos o tres páginas con que imagina lo que sería escribir quinientas.
Abrazos Castro.