¿A QUÉ HUELE SANGRE EMPONZOÑADA?
(Naturalmente un poema macerado en el horror de esta guerra.
Malditas sean todas las guerras y quienes las provocan)
¿A qué huele la sangre emponzoñada?
¿A rosas doloridas, al azufre melancólico de los venenos antiguos?
¿A qué recuerda el sonido sincopado de las osamentas que danzan?
¿Es el tinte de la bruma rojiza que nace en el desierto
el color de la venganza o el eco de los silencios?
El orgullo arruinado de un edificio abatido
por las bombas y los chacales.
(¡Con qué desprecio bosteza a través de sus nuevas bocas!)
Las calles desvanecidas en perspectivas de tanques
Y los cadáveres... los hermosísimos cadáveres
fieles a su papel de víctimas despojadas de inocencia.
De sus llagas purulentas brotan columnas de hormigas
De sus ojos reventados nacen en trágica reminiscencia
las miradas del otro lado del espejo
miradas que destilan estupor y odios renovados
y gusanos amaestrados danzan para los vencedores..
Se oyen también los trinos asustados de los mirlos
agazapados en jardines que ya no son.
Desbocados los cuatro caballos con un solo jinete
transitan por la ciudad en llamas
Desde la catedral brotan todavía los lamentos del viejo órgano
El espíritu de Bach perfuma el aire
imponiendose al acre olor de la pólvora
Mármoles verticales aureolados por brumas sanguinolentas
son los nuevos atractivos de los jardines arrasados.
Calcinados los escombros son suntuosas alfombras
se preparan para el paso de la fauna apocalíptica
Roto está, definitivamente, el espejo de Narciso
sólo las cuencas vacías dejan paso a la furia y a sus ecos.
Hieráticos los rostros tratan de uniformar sus sonrisas
Como cisnes nadando en sangre
que dibujan el nuevo paisaje de ampulosas arquitecturas
las blandas geometrías femeninas se vuelven angulosas
hostiles a la caricia que no provenga del ala delicada
de las mariposas.
En la noche los gritos no tienen ecos
En la noche las nubes aparcan entre ángeles en celo
En la noche alguien más allá de los frágiles horizontes
destila la sangre para teñir los ocasos.
En la noche ya no hay noche...
Ilust.: Gran cuadro antifascista colectivo, por Enrico Baj, Roberto Crippa, Gianni Dova, Antonio Recalcati, Jean-Jacques Lebel y Erró, 1960, Museo Reina Sofía, Madrid, nvbre. 2018
(Naturalmente un poema macerado en el horror de esta guerra.
Malditas sean todas las guerras y quienes las provocan)
¿A qué huele la sangre emponzoñada?
¿A rosas doloridas, al azufre melancólico de los venenos antiguos?
¿A qué recuerda el sonido sincopado de las osamentas que danzan?
¿Es el tinte de la bruma rojiza que nace en el desierto
el color de la venganza o el eco de los silencios?
El orgullo arruinado de un edificio abatido
por las bombas y los chacales.
(¡Con qué desprecio bosteza a través de sus nuevas bocas!)
Las calles desvanecidas en perspectivas de tanques
Y los cadáveres... los hermosísimos cadáveres
fieles a su papel de víctimas despojadas de inocencia.
De sus llagas purulentas brotan columnas de hormigas
De sus ojos reventados nacen en trágica reminiscencia
las miradas del otro lado del espejo
miradas que destilan estupor y odios renovados
y gusanos amaestrados danzan para los vencedores..
Se oyen también los trinos asustados de los mirlos
agazapados en jardines que ya no son.
Desbocados los cuatro caballos con un solo jinete
transitan por la ciudad en llamas
Desde la catedral brotan todavía los lamentos del viejo órgano
El espíritu de Bach perfuma el aire
imponiendose al acre olor de la pólvora
Mármoles verticales aureolados por brumas sanguinolentas
son los nuevos atractivos de los jardines arrasados.
Calcinados los escombros son suntuosas alfombras
se preparan para el paso de la fauna apocalíptica
Roto está, definitivamente, el espejo de Narciso
sólo las cuencas vacías dejan paso a la furia y a sus ecos.
Hieráticos los rostros tratan de uniformar sus sonrisas
Como cisnes nadando en sangre
que dibujan el nuevo paisaje de ampulosas arquitecturas
las blandas geometrías femeninas se vuelven angulosas
hostiles a la caricia que no provenga del ala delicada
de las mariposas.
En la noche los gritos no tienen ecos
En la noche las nubes aparcan entre ángeles en celo
En la noche alguien más allá de los frágiles horizontes
destila la sangre para teñir los ocasos.
En la noche ya no hay noche...
Ilust.: Gran cuadro antifascista colectivo, por Enrico Baj, Roberto Crippa, Gianni Dova, Antonio Recalcati, Jean-Jacques Lebel y Erró, 1960, Museo Reina Sofía, Madrid, nvbre. 2018