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A secos resplandores-.

BEN.

Poeta que considera el portal su segunda casa
Bocas secas, resplandores.

Incipientes cartas de presentación,

inauditos formulismos y oficiales tributos:

recibos lloviendo de un dictamen acatado.

A hachazos limpios y certeros,

a manotazos irregulares con la boca dividida,

resplandores, nuevamente, llenos de sequedad

los labios, la humedad palpita y es un monstruo.

La naturaleza que se viste de sus botones inapreciables,

signos de agotador verdor, aquellos puntos luminosos

en las distancias consumadas, y un manantial que apoya

su cabeza en el tronco de las hayas.

A secos resplandores, hombres derribados,

saltos de sangre, polvaredas tristes que alza

una humanidad completa de heridas.

Bocas secas, letargos insumisos,

a treguas variadas, de recintos insensibles:

templos, como el agua, corren venas abajo,

como arterias sigilosas, corren ventanas y epopeyas

líricas, cuesta abajo, limpios postigos.

Mi humanidad desaparecida

converge en este punto desmayado:

donde crece el musgo y el helecho

atrapa sus signos de derrota-.



©
 
Bocas secas, resplandores.

Incipientes cartas de presentación,

inauditos formulismos y oficiales tributos:

recibos lloviendo de un dictamen acatado.

A hachazos limpios y certeros,

a manotazos irregulares con la boca dividida,

resplandores, nuevamente, llenos de sequedad

los labios, la humedad palpita y es un monstruo.

La naturaleza que se viste de sus botones inapreciables,

signos de agotador verdor, aquellos puntos luminosos

en las distancias consumadas, y un manantial que apoya

su cabeza en el tronco de las hayas.

A secos resplandores, hombres derribados,

saltos de sangre, polvaredas tristes que alza

una humanidad completa de heridas.

Bocas secas, letargos insumisos,

a treguas variadas, de recintos insensibles:

templos, como el agua, corren venas abajo,

como arterias sigilosas, corren ventanas y epopeyas

líricas, cuesta abajo, limpios postigos.

Mi humanidad desaparecida

converge en este punto desmayado:

donde crece el musgo y el helecho

atrapa sus signos de derrota-.



©
Excelente escrito, compañero Ben, un gusto enorme pasar por éste trabajo. Saludos.
 
Bocas secas, resplandores.

Incipientes cartas de presentación,

inauditos formulismos y oficiales tributos:

recibos lloviendo de un dictamen acatado.

A hachazos limpios y certeros,

a manotazos irregulares con la boca dividida,

resplandores, nuevamente, llenos de sequedad

los labios, la humedad palpita y es un monstruo.

La naturaleza que se viste de sus botones inapreciables,

signos de agotador verdor, aquellos puntos luminosos

en las distancias consumadas, y un manantial que apoya

su cabeza en el tronco de las hayas.

A secos resplandores, hombres derribados,

saltos de sangre, polvaredas tristes que alza

una humanidad completa de heridas.

Bocas secas, letargos insumisos,

a treguas variadas, de recintos insensibles:

templos, como el agua, corren venas abajo,

como arterias sigilosas, corren ventanas y epopeyas

líricas, cuesta abajo, limpios postigos.

Mi humanidad desaparecida

converge en este punto desmayado:

donde crece el musgo y el helecho

atrapa sus signos de derrota-.



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Un acertado recorrido, es un excelente trabajo, amigo Ben, enhorabuena . Un placer leer. Saludos, feliz semana.
 

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