Débora Meirel
Poeta asiduo al portal
A silencio me obligo
Silencio dulce cómplice, aunque a risa suene mi voz,
allá en lo profundo tu imperas, tal es el deseo mío,
acallas del sentimiento el clamor, lo siega la cruel hoz,
callado lamento languidece ahogado por escondido rió.
allá en lo profundo tu imperas, tal es el deseo mío,
acallas del sentimiento el clamor, lo siega la cruel hoz,
callado lamento languidece ahogado por escondido rió.
Silencio compañero de camino, sendero a ningún destino,
oscura andadura que lastima, huella que al alma mancilla,
tu surco mi mano borra, quede mi corazón como peregrino,
pedazos de vida en lagrimas, perlas regadas en su orilla.
oscura andadura que lastima, huella que al alma mancilla,
tu surco mi mano borra, quede mi corazón como peregrino,
pedazos de vida en lagrimas, perlas regadas en su orilla.
A silencio me obligo, por que la paz acompañe tu camino,
a callada compañía queda ya obligado el sentimiento,
promesa de renuncia, firmada con sangre en pergamino,
por amarte tanto, imposible fuera quebrantar el juramento.
a callada compañía queda ya obligado el sentimiento,
promesa de renuncia, firmada con sangre en pergamino,
por amarte tanto, imposible fuera quebrantar el juramento.