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A solas

Poetakz

Poeta recién llegado
Yo vi una luna,
la quise atrapar,
con ella llenar de luz mis umbrales,
tenerla para mí;
no por egoísta, tacaño o avaro,
sino por necesidad de no estar a solas
conmigo mismo rodeado de umbros.

Me susurró un viento,
digo uno porque fue especial,
no como los que te soplan suave
ni como los que te estremecen,
simplemente sopló
y me conmovió su melancólica languidez.
Quise poseerlo, mas no era volátil,
y me quedé solo en medio de vacíos.

Me topé con la muerte,
con la vida ya había topado antes
-y ésta ya se iba-,
esa misma muerte hedionda me acarició la mejilla
que quedó inerte y fría,
ella se fue, no quiso llevarme y librarme
así de esta soledad, de estos umbros
y estos vacíos.

Por último escuché tu voz,
sentí tu olor, oí tus pasos,
vislumbré tu silueta.
Sentí que había valido la pena
tanta espera en la obscuridad,
en la vacuidad, en el seno
de la muerte;
porque a fin de cuentas
habrías de llegar tú...
Corrí hacia ti...

Pero tu imagen vaga
fue perdiendo su luz,
tampoco era volátil
y despedía hedor
(igual que la muerte);
lloré... grité...
y luego callé;
a fin de cuentas nadie me escucharía,
y aunque no lo quisiera,
me hallaba a solas,
en la nada.
 
Yo vi una luna,
la quise atrapar,
con ella llenar de luz mis umbrales,
tenerla para mí;
no por egoísta, tacaño o avaro,
sino por necesidad de no estar a solas
conmigo mismo rodeado de umbros.

Me susurró un viento,
digo uno porque fue especial,
no como los que te soplan suave
ni como los que te estremecen,
simplemente sopló
y me conmovió su melancólica languidez.
Quise poseerlo, mas no era volátil,
y me quedé solo en medio de vacíos.

Me topé con la muerte,
con la vida ya había topado antes
-y ésta ya se iba-,
esa misma muerte hedionda me acarició la mejilla
que quedó inerte y fría,
ella se fue, no quiso llevarme y librarme
así de esta soledad, de estos umbros
y estos vacíos.

Por último escuché tu voz,
sentí tu olor, oí tus pasos,
vislumbré tu silueta.
Sentí que había valido la pena
tanta espera en la obscuridad,
en la vacuidad, en el seno
de la muerte;
porque a fin de cuentas
habrías de llegar tú...
Corrí hacia ti...

Pero tu imagen vaga
fue perdiendo su luz,
tampoco era volátil
y despedía hedor
(igual que la muerte);
lloré... grité...
y luego callé;
a fin de cuentas nadie me escucharía,
y aunque no lo quisiera,
me hallaba a solas,
en la nada.
solitarios versos que dan musicalidad a sus silencios, grato leerle
 

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