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De apéndices y candiles
se imantó la certeza;
al compás de nuestras voces,
a solicitud del deseo,
del titilo instinto,
abanicando la noche de poesía.
Y el tiempo se detuvo
ante el aliento,
viajando entre dos aguas
rindiéndose en los litorales,
elevando versos en las sábanas,
en los bordes cristalinos,
que construimos de tan solo mirarnos
ante la redondez de la noche.
A solicitud del silencio,
la nirvana quietud
adereza las imágenes en cada almohada;
que cobran su sentido,
De apéndices y candiles
se imantó la certeza;
al compás de nuestras voces,
a solicitud del deseo,
del titilo instinto,
abanicando la noche de poesía.
Y el tiempo se detuvo
ante el aliento,
viajando entre dos aguas
rindiéndose en los litorales,
elevando versos en las sábanas,
en los bordes cristalinos,
que construimos de tan solo mirarnos
ante la redondez de la noche.
A solicitud del silencio,
la nirvana quietud
adereza las imágenes en cada almohada;
que cobran su sentido,
Ayyy Camy qué apasionados y sensuales son estos enamorados versos, se prestan al ensueño, a esa placentera paz que solo el amor nos ofrece de verdad. Encantada siempre de leerte querida amiga. Besazos con cariño y admiración profundos....muáááácksss...
De apéndices y candiles
se imantó la certeza;
al compás de nuestras voces,
a solicitud del deseo,
del titilo instinto,
abanicando la noche de poesía.
Y el tiempo se detuvo
ante el aliento,
viajando entre dos aguas
rindiéndose en los litorales,
elevando versos en las sábanas,
en los bordes cristalinos,
que construimos de tan solo mirarnos
ante la redondez de la noche.
A solicitud del silencio,
la nirvana quietud
adereza las imágenes en cada almohada;
que cobran su sentido,
De apéndices y candiles
se imantó la certeza;
al compás de nuestras voces,
a solicitud del deseo,
del titilo instinto,
abanicando la noche de poesía.
Y el tiempo se detuvo
ante el aliento,
viajando entre dos aguas
rindiéndose en los litorales,
elevando versos en las sábanas,
en los bordes cristalinos,
que construimos de tan solo mirarnos
ante la redondez de la noche.
A solicitud del silencio,
la nirvana quietud
adereza las imágenes en cada almohada;
que cobran su sentido,