Dos zafiros que ciegan la pupila
son los ojos azules de mi esposa,
y lucen un fulgor que me encandila
como en su vuelo azul la mariposa.
En su mirada, donde el sol titila,
se muestra la caricia luminosa,
como seda de un manto de Manila
que borda el terciopelo de una rosa.
Y cuando están abiertos a la brisa
serán el elixir de una sonrisa
que bebo con la gracia milagrosa.
Y si al cerrarlos, mi mirada gime,
me llevaré hasta Dios lo más sublime
en los ojos radiantes de mi esposa.
PepeSori
SafeCreative
Diciembre2021
son los ojos azules de mi esposa,
y lucen un fulgor que me encandila
como en su vuelo azul la mariposa.
En su mirada, donde el sol titila,
se muestra la caricia luminosa,
como seda de un manto de Manila
que borda el terciopelo de una rosa.
Y cuando están abiertos a la brisa
serán el elixir de una sonrisa
que bebo con la gracia milagrosa.
Y si al cerrarlos, mi mirada gime,
me llevaré hasta Dios lo más sublime
en los ojos radiantes de mi esposa.
PepeSori
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Diciembre2021
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