Andres Zuñiga
Poeta fiel al portal
La miré y nada le dije,
Sólo sombras chinescas
atiborradas de silencio
manchaban la pared.
Sólo sombras chinescas
atiborradas de silencio
manchaban la pared.
La tiniebla parió luz
y el ángel voló apacible
por el mar de neuronas.
Entonces
salió el sol de su sonrisa
y el arco iris de sus ojos me inundó
ahora el ángel estaba en mí
- que es igual a decir paz a mi tormento -
Una lluvia de caricias, húmedos besos
y otra vez rendido a sus pies morí.
Me llevó por un éter de galaxias,
por la montaña florida y el mar azul.
Me incrustó su piel y ya nada importó.
Al final, caí a la tierra nuevamente
Estaba ahí con sus ojos de carbón
y su canto de nereida argenta.
No lo dudó, me mató una vez más.
una puñalada al corazón.
y el ángel voló apacible
por el mar de neuronas.
Entonces
salió el sol de su sonrisa
y el arco iris de sus ojos me inundó
ahora el ángel estaba en mí
- que es igual a decir paz a mi tormento -
Una lluvia de caricias, húmedos besos
y otra vez rendido a sus pies morí.
Me llevó por un éter de galaxias,
por la montaña florida y el mar azul.
Me incrustó su piel y ya nada importó.
Al final, caí a la tierra nuevamente
Estaba ahí con sus ojos de carbón
y su canto de nereida argenta.
No lo dudó, me mató una vez más.
una puñalada al corazón.
