A tì

ncm84

Poeta recién llegado
Cuando mi alma no sane y mis manos se cansen,

de tu profundo silencio…
de tus pechos apagados…

tu vientre descalzo, tu boca insulsa y tus ojos maleantes.
¿Sabrá aquella brisa, que entre descuidos se llevo el aura de tus mejillas?



Inválidos mis deseos, que necios caminan por la noche,

suben y trepan a las ramas de aquel letargo de tu ausencia.
Sagaces aquellas comparsas de tus miradas

rodean la incertidumbre de mis deseos.


El insomnio de las verdades perturban las virtudes de aquella noche
en que nos inundamos en el perfume de nuestros cuerpos rozagantes.
Todavía me salpican aquellas crudas lágrimas invernales,

Y un misterioso rocío invade tu mirada,
Como imponente semblanza de aquellos guerreros abatidos
por tus manos difuntas.


Las alondras suben por mi pecho,
hambrientos deseos consumidos
por tu néctar congelado.
Silbando sonetos de tu cuerpo,

convalecientes deseos de emigrar hacia la costa
de un utópico encuentro primaveral de tu rostro.


Flagelantes desdichas en la colina de tu ausencia,
cada minuto sobre mí mirada cómplice a un amor
cultivante de imposibles.


Desayunando la procesión de tus pasos,
Aflora el alba y lavo mi cara con el barro opaco sobre tus parpados,
peinando los fantasmas de tu visceral nostalgia…
mirando al espejo idolatro las pinceladas de tus pupilas.

Amordazadas gaviotas sobrevuelan sobre el puente de tus pies desnudos,
y peregrinan los duendes sobre tu ombligo.
Emperatrices camuflan vestigios de mi pluma

amurados al coral de tu cintura impura.

Miserable sombra de la luna

que no se inmuta por la incipiente penumbra de tus hombros al aire.
Mis pasos acorralados por una brisa de cobardía,

miradas perdidas, desconocidas,
ocultan las simpatías de las estrellas atrevidas.


Danzantes mariposas cobijan el templo de tu vestido.
Reverente el rocío consumando en tu cuerpo,

acorazado entre las sabanas,
rindiendo tributo al ángel caído.


Los pétalos forman una ronda a tu sombra, pregonando mi tristeza.
Sospechosas centellas aguardan incesantes, terciopelos rugosos,

fundidos sobre el tobogán vagabundo de tu espalda.


Acunas mis lágrimas con tertulias inmaculadas de mis abrazos trizados.
Acampa mi fin desnutrido,

bajo el umbral de las amapolas impregnadas
en la copa del sauce lindero

al sombrío compás de tus piernas talladas.


Y comulgan las incesantes olas tiznadas,
al mar sin salida ni rebeldía,
hacia la costa intransigente,
como ecos de mis besos en tu frente.


Cobardes hechiceros furibundos atenazan mis sueños,
aflorando el dialogo entre el huésped intimo de mi soledad
y el jirón de tu sonrisa endeble.


Anárquicos los próceres, pregonan gobernar el túnel en tu cuello árido,
huye marchita la colmena degradada,
al pasillo de tu garganta agazapada.


Vacilantes las odas navegan relegadas,
como buscando tu súplica.
Juveniles las nubes lucen su cobardía,

decapitando al huracán amodorrado en tu regazo.

Ambicioso el otoño pierde tu sombra,

esculpiendo la imponente bravura, anillando tu melena insolente.
La luna sentencia su agonía, tras tus suspiros exactos,

enlazados mis versos se devoran los recuerdos,
y humilladas las flores, divagan marchitas en el sendero de tus lágrimas espantadas.

Sirenas que envejecen, como rondando la ola madura,
áspera su espuma, resbalan, aplacando las muecas de tu silueta,
el exilio convoca mis lágrimas precipitadas colmando el bosque de tu ego.

Impudorosa la venganza de tu lengua como daga candente,
impregna recovecos de mi boca lánguida.
Prostibularias mis dudas siguen atrincheradas sobre tu lunar…

Y volubles mis suspiros al final de esa nota
se abarrotan en mi florido nicho, detrás de tu sombra.
 
Cuando mi alma no sane y mis manos se cansen,

de tu profundo silencio…
de tus pechos apagados…

tu vientre descalzo, tu boca insulsa y tus ojos maleantes.
¿Sabrá aquella brisa, que entre descuidos se llevo el aura de tus mejillas?



Inválidos mis deseos, que necios caminan por la noche,

suben y trepan a las ramas de aquel letargo de tu ausencia.
Sagaces aquellas comparsas de tus miradas

rodean la incertidumbre de mis deseos.


El insomnio de las verdades perturban las virtudes de aquella noche
en que nos inundamos en el perfume de nuestros cuerpos rozagantes.
Todavía me salpican aquellas crudas lágrimas invernales,

Y un misterioso rocío invade tu mirada,
Como imponente semblanza de aquellos guerreros abatidos
por tus manos difuntas.


Las alondras suben por mi pecho,
hambrientos deseos consumidos
por tu néctar congelado.
Silbando sonetos de tu cuerpo,

convalecientes deseos de emigrar hacia la costa
de un utópico encuentro primaveral de tu rostro.


Flagelantes desdichas en la colina de tu ausencia,
cada minuto sobre mí mirada cómplice a un amor
cultivante de imposibles.


Desayunando la procesión de tus pasos,
Aflora el alba y lavo mi cara con el barro opaco sobre tus parpados,
peinando los fantasmas de tu visceral nostalgia…
mirando al espejo idolatro las pinceladas de tus pupilas.

Amordazadas gaviotas sobrevuelan sobre el puente de tus pies desnudos,
y peregrinan los duendes sobre tu ombligo.
Emperatrices camuflan vestigios de mi pluma

amurados al coral de tu cintura impura.

Miserable sombra de la luna

que no se inmuta por la incipiente penumbra de tus hombros al aire.
Mis pasos acorralados por una brisa de cobardía,

miradas perdidas, desconocidas,
ocultan las simpatías de las estrellas atrevidas.


Danzantes mariposas cobijan el templo de tu vestido.
Reverente el rocío consumando en tu cuerpo,

acorazado entre las sabanas,
rindiendo tributo al ángel caído.


Los pétalos forman una ronda a tu sombra, pregonando mi tristeza.
Sospechosas centellas aguardan incesantes, terciopelos rugosos,

fundidos sobre el tobogán vagabundo de tu espalda.


Acunas mis lágrimas con tertulias inmaculadas de mis abrazos trizados.
Acampa mi fin desnutrido,

bajo el umbral de las amapolas impregnadas
en la copa del sauce lindero

al sombrío compás de tus piernas talladas.


Y comulgan las incesantes olas tiznadas,
al mar sin salida ni rebeldía,
hacia la costa intransigente,
como ecos de mis besos en tu frente.


Cobardes hechiceros furibundos atenazan mis sueños,
aflorando el dialogo entre el huésped intimo de mi soledad
y el jirón de tu sonrisa endeble.


Anárquicos los próceres, pregonan gobernar el túnel en tu cuello árido,
huye marchita la colmena degradada,
al pasillo de tu garganta agazapada.


Vacilantes las odas navegan relegadas,
como buscando tu súplica.
Juveniles las nubes lucen su cobardía,

decapitando al huracán amodorrado en tu regazo.

Ambicioso el otoño pierde tu sombra,

esculpiendo la imponente bravura, anillando tu melena insolente.
La luna sentencia su agonía, tras tus suspiros exactos,

enlazados mis versos se devoran los recuerdos,
y humilladas las flores, divagan marchitas en el sendero de tus lágrimas espantadas.

Sirenas que envejecen, como rondando la ola madura,
áspera su espuma, resbalan, aplacando las muecas de tu silueta,
el exilio convoca mis lágrimas precipitadas colmando el bosque de tu ego.

Impudorosa la venganza de tu lengua como daga candente,
impregna recovecos de mi boca lánguida.
Prostibularias mis dudas siguen atrincheradas sobre tu lunar…

Y volubles mis suspiros al final de esa nota
se abarrotan en mi florido nicho, detrás de tu sombra.
Melancolía bella, esplenderosas imágenes muestran tus sentidos versos.
Saludos cordiales:::sonreir1:::
Un millón de estrellas a tu linda pluma.
 
Gracias Julio,me alegra que te guste ya que recien es el primero
 

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