AUGUSTO SILVA ACEVEDO
Poeta veterano en MP
A toda hora
De pronto el titilar de las luces
se estrella en mis pupilas
y el color de tu piel estalla
aquí, en donde el deseo canta
y la imaginación domina. ¡OH aguda
creación celestial y divina!,
quien te pudiera sentir hasta en el alma...
El boceto de tu sonrisa también
estalla en calma, de madrugada,
cuando mis dedos recorren esas
atolondradas dunas húmedas,
ansiosas, palpitantes como esas
luces, que ingresan en nuestra piel
por las ventanas. Ni siquiera
los gallos, ni las cigarras interrumpen
el deiforme deleite de ese deliquio
delirante y diluido en un beso y en
un soponcio, que no acaba, ni con
el canto del gorrión, ni con las sirenas
solitarias, que cada día y cada noche
anuncian la muerte o la esperanza...
Entre ese singulto eólico de tu piel
y el estallido de un beso más, que se
prolonga, se quedan mis manos
y mi alma en un hilo, en el abismo
de todo tu espasmo, hasta que ambos,
mudos, reaccionamos con la hora y la luz
y como socios conniventes, sonreímos
y culpamos al reloj, por su falta de
entendimiento, del amor a toda hora...
Augus 06 de nov. 2002..
De pronto el titilar de las luces
se estrella en mis pupilas
y el color de tu piel estalla
aquí, en donde el deseo canta
y la imaginación domina. ¡OH aguda
creación celestial y divina!,
quien te pudiera sentir hasta en el alma...
El boceto de tu sonrisa también
estalla en calma, de madrugada,
cuando mis dedos recorren esas
atolondradas dunas húmedas,
ansiosas, palpitantes como esas
luces, que ingresan en nuestra piel
por las ventanas. Ni siquiera
los gallos, ni las cigarras interrumpen
el deiforme deleite de ese deliquio
delirante y diluido en un beso y en
un soponcio, que no acaba, ni con
el canto del gorrión, ni con las sirenas
solitarias, que cada día y cada noche
anuncian la muerte o la esperanza...
Entre ese singulto eólico de tu piel
y el estallido de un beso más, que se
prolonga, se quedan mis manos
y mi alma en un hilo, en el abismo
de todo tu espasmo, hasta que ambos,
mudos, reaccionamos con la hora y la luz
y como socios conniventes, sonreímos
y culpamos al reloj, por su falta de
entendimiento, del amor a toda hora...
Augus 06 de nov. 2002..