BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Repentinamente: a través
de ruinas y árboles y decesos múltiples
de convocaciones minerales de arcillas proteicas
de convergencias sin voz ni nudo de árbol
sin latitudes admirables ni protestas silogísticas
ni ecos tumefactos ni parodias obsesivas, sin
vértices numerados ni opresiones digitales
entre contubernios desfavorecidos de líquenes
ocasionales, fluyen de mí espasmos contestaciones
masivas, regresos a la indolencia, protuberancias desacordes
concurrencias de palios y madera vomitiva, de sensaciones
antes muertas y neutrales, de racimos de bombas enumeradas
hasta el cansancio y el desgaste. Las orquestas
tributan su desamparo, derraman azules por el vértigo,
imploran su ascenso de nieve, declaran abiertamente
los musicales redimidos: y suben por escalas martirizadas
por regios cordones de nubes, por asimiladas cazas intempestivas,
por pasillos laterales cuya bruma ha sido desgastada, por castraciones
impetuosas de miembros o extremidades, por axilas permeables,
por sogas de oscuridades y tinieblas de pájaros con boca y dedos.
Así mi cuerpo enfrenta soledades paisajes bocas anos
derivas existenciales multiplicidades de órganos derribos
fundamentales de acacias, fuentes destruidas al calor de la botella
enemiga, parajes acometidos con la fortaleza de un suspiro amoroso,
deteriorados márgenes de ríos y jabones y misterios de otros cuerpos santos. Y sombras eternidades convalecencias amistades frugales
embestidas de aves conversaciones de rasgos, facciones ofrecidas
renacimientos de sótanos, fraternales contenedores de amapolas enrojecidas. De tuétanos
que el mundo apenas conserva. Como un mar
a su deriva.
de ruinas y árboles y decesos múltiples
de convocaciones minerales de arcillas proteicas
de convergencias sin voz ni nudo de árbol
sin latitudes admirables ni protestas silogísticas
ni ecos tumefactos ni parodias obsesivas, sin
vértices numerados ni opresiones digitales
entre contubernios desfavorecidos de líquenes
ocasionales, fluyen de mí espasmos contestaciones
masivas, regresos a la indolencia, protuberancias desacordes
concurrencias de palios y madera vomitiva, de sensaciones
antes muertas y neutrales, de racimos de bombas enumeradas
hasta el cansancio y el desgaste. Las orquestas
tributan su desamparo, derraman azules por el vértigo,
imploran su ascenso de nieve, declaran abiertamente
los musicales redimidos: y suben por escalas martirizadas
por regios cordones de nubes, por asimiladas cazas intempestivas,
por pasillos laterales cuya bruma ha sido desgastada, por castraciones
impetuosas de miembros o extremidades, por axilas permeables,
por sogas de oscuridades y tinieblas de pájaros con boca y dedos.
Así mi cuerpo enfrenta soledades paisajes bocas anos
derivas existenciales multiplicidades de órganos derribos
fundamentales de acacias, fuentes destruidas al calor de la botella
enemiga, parajes acometidos con la fortaleza de un suspiro amoroso,
deteriorados márgenes de ríos y jabones y misterios de otros cuerpos santos. Y sombras eternidades convalecencias amistades frugales
embestidas de aves conversaciones de rasgos, facciones ofrecidas
renacimientos de sótanos, fraternales contenedores de amapolas enrojecidas. De tuétanos
que el mundo apenas conserva. Como un mar
a su deriva.