DanteFranco
Poeta recién llegado
Instantes que mataban eran esos,
en donde mi dolor se agigantaba;
con ansias de un demente le rogaba
se quede y no se marche lejos, lejos.
No podría soportar en lo futuro,
contemplar nuestro hogar frío y vacío,
sin la esencia de su cuerpo en aquel nido,
que fue cuna de amor y calor mutuos.
Para ella los lamentos eran vanos,
y no quiso dar oído a mis tormentos,
y me dejó tras de sí, en mi aposento,
con deseos de morir por su arrebato.
No podía convencerle que le amaba,
como a nadie había querido en este mundo,
pero grande y poderoso fue su impulso,
que la hiciera abandonarme y se marchaba.
En desgracia se tornaba mi existencia,
y entre lágrimas amargas maldecía,
la desdicha que inminente se metía,
en lo poco de vivir que me quedaba.
en donde mi dolor se agigantaba;
con ansias de un demente le rogaba
se quede y no se marche lejos, lejos.
No podría soportar en lo futuro,
contemplar nuestro hogar frío y vacío,
sin la esencia de su cuerpo en aquel nido,
que fue cuna de amor y calor mutuos.
Para ella los lamentos eran vanos,
y no quiso dar oído a mis tormentos,
y me dejó tras de sí, en mi aposento,
con deseos de morir por su arrebato.
No podía convencerle que le amaba,
como a nadie había querido en este mundo,
pero grande y poderoso fue su impulso,
que la hiciera abandonarme y se marchaba.
En desgracia se tornaba mi existencia,
y entre lágrimas amargas maldecía,
la desdicha que inminente se metía,
en lo poco de vivir que me quedaba.