sergiochez
Poeta fiel al portal
Sin imaginar lo sorprendido que estaba,
volví sobre mis pasos para tenerte
y colmé de tu espuma mis labios,
para, algún día, volver a nombrarte,
porque hasta ese momento, mi boca,
no había logrado articular palabra,
temía por mi mismo,
a mis miedos o quizá a olvidarte.
Llegué a acariciarte como tú lo habías hecho
en tantas oportunidades,
mientras estaba cerca de ti,
de tus manos frescas y saladas,
rozándome con tus dedos diminutos de sal y lágrimas,
mas el remordimiento de no haber podido
retener tu alquimia en mi recuerdo,
hizo que todo aquello quedara en la arena,
tu arena, cuando, tímidamente,
yo contaba mis pasos sobre ella y tú,
agasajabas mi rastro, que de a ratos,
parecía desaparecer de mi vista.
Enloquecí tanto tiempo con tu canto de madrugada,
mientras me adormecía en un letargo inimaginable
y tu mecías con tu arrullo mi silencio,
que muchas veces, la mañana retrasaba su llegada
por amor a mi y por engrandecerte en tu himno suspirado,
que temí intentar entonarlo para cuando no te oyera
y para no hacer una prosa de mi llanto;
y me reproché tanto todo aquello.
Mi cuerpo, esculpido por tus aguas,
se dejó atrapar por tu solemne encanto,
más de ti, no puede llevarme nada,
entonces dejándote en tu sitio,
y ahogando un temblor desde mis huesos,
hice que de mi cuerpo te olvidaras.
Ahora sumido en la distancia,
y tras larga travesía, intento volver en cada sueño,
a tu guarida de humedad, llovizna y frío,
asumiendo que me habías visto partir de tu lado,
no sé si para siempre,
no sé si desde siempre,
mas no quedó, sino, tu sal en mi cuerpo
para recordar que existes
y mis pasos que aún me parecen empapados.
Sí, has quedado, tú y tu aroma en mis enigmas,
mientras aún me parece que estoy calmo,
juego con mis deseos, a rozarte tímidamente,
para que de esa manera me sientas a lo lejos
y mis manos posean la hermosura de ese tiempo,
en que tu jugabas a ser mi cama blanda
de ilusiones y esperanzas
y yo, simplemente, me abrigaba con tu calma.
Has quebrado, desde esos tiempos,
de tal forma mis suplicios, cuando te hallé,
mientras mis caminatas a tu lado, por las noches,
acercaban mis anhelos,
que hoy por hoy,
no logro encontrar el sosiego de aquellos días
y aún, por las noches,
mientras mi desvelo me ahoga,
para borrarte de mi calma,
desespero, en un intento sufrido y prolongado,
por volver a ti y a tus playas.
volví sobre mis pasos para tenerte
y colmé de tu espuma mis labios,
para, algún día, volver a nombrarte,
porque hasta ese momento, mi boca,
no había logrado articular palabra,
temía por mi mismo,
a mis miedos o quizá a olvidarte.
Llegué a acariciarte como tú lo habías hecho
en tantas oportunidades,
mientras estaba cerca de ti,
de tus manos frescas y saladas,
rozándome con tus dedos diminutos de sal y lágrimas,
mas el remordimiento de no haber podido
retener tu alquimia en mi recuerdo,
hizo que todo aquello quedara en la arena,
tu arena, cuando, tímidamente,
yo contaba mis pasos sobre ella y tú,
agasajabas mi rastro, que de a ratos,
parecía desaparecer de mi vista.
Enloquecí tanto tiempo con tu canto de madrugada,
mientras me adormecía en un letargo inimaginable
y tu mecías con tu arrullo mi silencio,
que muchas veces, la mañana retrasaba su llegada
por amor a mi y por engrandecerte en tu himno suspirado,
que temí intentar entonarlo para cuando no te oyera
y para no hacer una prosa de mi llanto;
y me reproché tanto todo aquello.
Mi cuerpo, esculpido por tus aguas,
se dejó atrapar por tu solemne encanto,
más de ti, no puede llevarme nada,
entonces dejándote en tu sitio,
y ahogando un temblor desde mis huesos,
hice que de mi cuerpo te olvidaras.
Ahora sumido en la distancia,
y tras larga travesía, intento volver en cada sueño,
a tu guarida de humedad, llovizna y frío,
asumiendo que me habías visto partir de tu lado,
no sé si para siempre,
no sé si desde siempre,
mas no quedó, sino, tu sal en mi cuerpo
para recordar que existes
y mis pasos que aún me parecen empapados.
Sí, has quedado, tú y tu aroma en mis enigmas,
mientras aún me parece que estoy calmo,
juego con mis deseos, a rozarte tímidamente,
para que de esa manera me sientas a lo lejos
y mis manos posean la hermosura de ese tiempo,
en que tu jugabas a ser mi cama blanda
de ilusiones y esperanzas
y yo, simplemente, me abrigaba con tu calma.
Has quebrado, desde esos tiempos,
de tal forma mis suplicios, cuando te hallé,
mientras mis caminatas a tu lado, por las noches,
acercaban mis anhelos,
que hoy por hoy,
no logro encontrar el sosiego de aquellos días
y aún, por las noches,
mientras mi desvelo me ahoga,
para borrarte de mi calma,
desespero, en un intento sufrido y prolongado,
por volver a ti y a tus playas.