jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
si me hubieras avisado con tiempo
que te ibas a morir el sábado en la tarde
yo habría podido cancelar mi cita con michelle
y en lugar de haberme pasado esa noche
tomando y cogiendo con ella en un hotelito del centro
habría podido ir a la funeraria
y pasado contigo las últimas horas
antes de que te metieran al hoyo;
pero te moriste de repente
y mis planes ya estaban hechos
desde luego no iba a llamar a michelle
para cancelar nuestra cita a última hora
la pobre chica trabaja muy duro toda la semana
en esa horrible enlatadora de embutidos
y se hubiera sentido bastante decepcionada
de verse orillada a pasar su noche libre metida en casa
mirando un estúpido programa de concursos con su madre;
y de todos modos tú ya estaba muerto
¿qué ganabas en realidad con que yo hubiera estado allí
escuchando lamentarse a tu viuda con cara de circunstancias
mientras en mi mente veía las largas piernas de michelle
saliendo de debajo de una minifalda entallada?
como sea no puedo evitar sentir cierto remordimiento
pensando que mientras michelle me tomaba en su boca
y hacía con ella esas maravillosas cosas que sabe
tú te estabas empezando a pudrir lentamente
encerrado en ese puto cajón barato donde te metieron
y tu alma tal vez se acercaba ya
a las regiones oscuras hundidas en el fondo del tiempo;
por si te sirve de consuelo
quiero que sepas que las dos veces que me corrí esa noche
pensé en ti y te dediqué mis orgasmos
y antes de abrir la botella de whisky que nos tomamos
me dije "esta va por ti, cabrón, ya sabes que te quiero"
mañana pienso darme una vuelta por el cementerio
y llevar unas flores para poner encima de tu tumba
luego le haré una visita a clara
y le daré mis condolencias
le diré que no estuve en el entierro porque estaba de viaje
y que puede contar conmigo para lo que sea
ahora que te has muerto voy a ver también si descubro
lo que había de casualidad en el hecho
de que cada vez que me emborrachaba contigo en tu casa
clara apareciera siempre con su falda más corta
y acostumbrara sentarse justo donde yo pudiera ver
-cada vez que descruzaba y cruzaba las piernas-
que otra vez había olvidado ponerse las bragas
descansa en paz, querido amigo
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