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A un caracol vacío y en la arena

Salvador, como siempre, un ejemplo más de tu calidad poética y de la enorme facilidad que tienes para desenvolver el tema adecuado, con las palabras apropiadas. Definitivamente, felicidades. Saludos
 
Hoy al leerte, sentí la necesidad -urgente- del abrazo de mis padres...(me devolví a mi infancia, a mis juegos, a ser el centro mismo en el sonido de esa caracola que un día estuvo llena de vida)...Vuelcas la vida desde esa forma generosa de cantarle al niño que te habita y al que no debes dejar escapar nunca de tu corazón y tu sensibilidad volcada a la poesía...¡¡¡Cómo te admiro Salv!!!

Un abracito fuerte con estrellas de mar para tu mundo de azules.!
 
Caracol vivo, joven, esplendoroso y envidia de sus congéneres.
Caracol muerto, áspero y embadurnado de años. Cueva de recuerdos y sapiencia.
Todos fuimos caracol esplendoroso Salvador, pero los años nos quitan el brillo y nos empuja a la arena.
No sé cómo lo haces, pero siempre terminas impresionándome.
Un abrazo
 
Pareciera que di un paseo a la orilla del mar y sentí todas esas emociones con que nos deleitas en tu poema, como dices tu, aplaudo tus versos magistrales como siempre.
Mis estrellas.
 
Solamente un alma sensible e inspirada con una mente tan brillante pueden transmitir con tanta pasión y belleza sentimientos tan cálidos y bellos. Te felicito por este poema, que es de antología. Abrazos desde Colombia!
 
Vino a mi el recuerdo de aquella vez en que por primera vez vi el mar....que bello poema..me llevo a pensar ¡Como pasa el tiempo? y hay cosas que quedan en el pensamiento intactas...un placer conocerte...mis lagrimas al leerte hablan por si solas...y el fondo musical hemosisimo....un poema que me llevo a la niña que aún llevo en mi...bellisimoooo
 
A un caracol vacío y en la arena

Quizá tu hueso hirsuto y prolongado que relamió las estructuras del océano,
o tu centelleante brillantes que a los pescadores cautivaba
eran suficiente para amarte.
Pero no: tu sonido, tu filarmónica marea,
tu oboe pletórico de canto y verso
eran la esencial música del aire engrandecido.

Puerta del mundo y dureza pétrea: tú;
Hendidura infinita que el dedo no alcanzara: tú;
Tarde de nidos pillando en las temperamentales olas: tú.
¿Qué cetáceo, en qué arpón, guardó el chillido
para dárselo en la acústica a un marino?
Allá en el fondo los ojos de agua y del sonido
y los jóvenes abriendo su sexo de sal y espuma en caracolas.

Sí. Yo fui niño de pájaros, de caballitos,
de caracolas abiertas, de burbujas oceánicas,
de arboledas alcanzadas, de carreras con almendros.
Mi corazón se quedó protegido con sonidos
en la resonancia de los sueños.

¡Oh melodía del mar, que bellas notas en mi oído!
¿Cuándo tus cristalinas aguas me alcanzaron?

Pájaro, ¡yo fui niño!:
En tu vastedad, en tu territorio, en tus brazos limpios.
Y mi corazón se quedó en la caracola:
encerrado y tibio, juguetón y alegre,
prendido en las burbujas, atado a sus violines,
amando las paredes que la arena restregaba.

¡Oh melodía del mar, tan dulce e imponente!
No me digas que la edad. No me hables de los años.
Aún corren las mareas en mis manos.
Aún suenan caracolas en mi corazón de sorgo.
Alguna vez fui niño. Alguna vez…
Y mi corazón se quedó prendido en el aire,
en la música del agua.

¡Cuéntame de aquel sonido que mi madre
me cantaba cuando niño!
Háblame en secreto de tu historia.

Alguna vez mi corazón jugaba.

Alguna vez…


Salvador Pliego


Como siempre bella por donde se la mire , tu obra poética , felicidades, un abrazo:Susana

www.pincelsuhr.blogspot.com
 
A un caracol vacío y en la arena

Quizá tu hueso hirsuto y prolongado que relamió las estructuras del océano,
o tu centelleante brillantes que a los pescadores cautivaba
eran suficiente para amarte.
Pero no: tu sonido, tu filarmónica marea,
tu oboe pletórico de canto y verso
eran la esencial música del aire engrandecido.

Puerta del mundo y dureza pétrea: tú;
Hendidura infinita que el dedo no alcanzara: tú;
Tarde de nidos pillando en las temperamentales olas: tú.
¿Qué cetáceo, en qué arpón, guardó el chillido
para dárselo en la acústica a un marino?
Allá en el fondo los ojos de agua y del sonido
y los jóvenes abriendo su sexo de sal y espuma en caracolas.

Sí. Yo fui niño de pájaros, de caballitos,
de caracolas abiertas, de burbujas oceánicas,
de arboledas alcanzadas, de carreras con almendros.
Mi corazón se quedó protegido con sonidos
en la resonancia de los sueños.

¡Oh melodía del mar, que bellas notas en mi oído!
¿Cuándo tus cristalinas aguas me alcanzaron?

Pájaro, ¡yo fui niño!:
En tu vastedad, en tu territorio, en tus brazos limpios.
Y mi corazón se quedó en la caracola:
encerrado y tibio, juguetón y alegre,
prendido en las burbujas, atado a sus violines,
amando las paredes que la arena restregaba.

¡Oh melodía del mar, tan dulce e imponente!
No me digas que la edad. No me hables de los años.
Aún corren las mareas en mis manos.
Aún suenan caracolas en mi corazón de sorgo.
Alguna vez fui niño. Alguna vez…
Y mi corazón se quedó prendido en el aire,
en la música del agua.

¡Cuéntame de aquel sonido que mi madre
me cantaba cuando niño!
Háblame en secreto de tu historia.

Alguna vez mi corazón jugaba.

Alguna vez…


Salvador Pliego.



! QUÉ MARAVILLA DE POEMA AMIGO.TUS VERSOS CAUTIVAN AL LECTOR
QUE SIN DUDA NO SE QUEDA VACÍO!

UN ABRAZO Y FELICITACIONES POR TU GRAN INSPIRACIÓN...OMAR

(ESTRELLAS PARA TU CIELO)
 
El caracol, esa espiral infinita. El caracol es capaz de atrapar el océano entero dentro de sus paredes calcáreas. Si lo acercas al oido puedes escuchar como lucha por salir de dentro. Está el mar dentro de la caracola o la caracola dentro del mar. Está la caracola vacía o es el mar el que está vacío y suena a vacío... En fin... Qué es la poesía sino preguntarse cosas que no interesan a casi nadie. Un saludo de nuevo, Salvador. Muy sugerentes tus letras como siempre.
 
Mi querido Salvador, que experiencia tan maravillosa volver a leerte.Me recuerda que aún me falta mucho por aprender. Cuentas una pequeña historia en un poema desbordante de recursos,excelso de sensibilidad,elegancia y humano sentir.un placer volver a tu mundo maestro,un abrazo enorme desde mi España
 
Y tu corazón... aún.... continúa jugando.... Preciosos versos... imágenes nostálgicas... Canción hermosamente triste.... melodía divina.... Estrellitas de armonía....

Besos.gif
 
Es verdad que el sonido del mar embelesa los sentido y que la caracola lo guarda en su interior; pero yo, si me faltase el mar, preferiría tus versos a la caracola, para volver a escucharlo.
Mis aplausos y estrellas para ti, poeta Salvador.
Recaredo.
 
Mi querido Amigo!!
Siempre es tan gratificante volver a tus letras y dejar al alma volar y deleitarse...
Bella expesión en este poema que tu pluma pincela con maravillosas imágenes.
Gracias siempre por enriquecer al corazón con la lectura de tus versos cristalinos...
Un abrazo Salvador y mi cariño desde mi Venezuela
Camelia
 
hERMOS VOLVER ALEER A MI POETA PREFERIDO....SE LE EXTRAÑA POETA EN ESTOS LADOS.


ABRACITOSSS


A un caracol vacío y en la arena

Quizá tu hueso hirsuto y prolongado que relamió las estructuras del océano,
o tu centelleante brillantez que a los pescadores cautivaba
eran suficiente para amarte.
Pero no: tu sonido, tu filarmónica marea,
tu oboe pletórico de canto y verso
eran la esencial música del aire engrandecido.

Puerta del mundo y dureza pétrea: tú;
Hendidura infinita que el dedo no alcanzara: tú;
Tarde de nidos pillando en las temperamentales olas: tú.
¿Qué cetáceo, en qué arpón, guardó el chillido
para dárselo en la acústica a un marino?
Allá en el fondo los ojos de agua y del sonido
y los jóvenes abriendo su sexo de sal y espuma en caracolas.

Sí. Yo fui niño de pájaros, de caballitos,
de caracolas abiertas, de burbujas oceánicas,
de arboledas alcanzadas, de carreras con almendros.
Mi corazón se quedó protegido con sonidos
en la resonancia de los sueños.

¡Oh melodía del mar, que bellas notas en mi oído!
¿Cuándo tus cristalinas aguas me alcanzaron?

Pájaro, ¡yo fui niño!:
En tu vastedad, en tu territorio, en tus brazos limpios.
Y mi corazón se quedó en la caracola:
encerrado y tibio, juguetón y alegre,
prendido en las burbujas, atado a sus violines,
amando las paredes que la arena restregaba.

¡Oh melodía del mar, tan dulce e imponente!
No me digas que la edad. No me hables de los años.
Aún corren las mareas en mis manos.
Aún suenan caracolas en mi corazón de sorgo.
Alguna vez fui niño. Alguna vez…
Y mi corazón se quedó prendido en el aire,
en la música del agua.

¡Cuéntame de aquel sonido que mi madre
me cantaba cuando niño!
Háblame en secreto de tu historia.

Alguna vez mi corazón jugaba.

Alguna vez…


Salvador Pliego
 

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