A un centímetro de Dios
La mar se acerca a este atardecer de los gemidos
con férvida pujanza
y arrastra el frío de las luces hasta su muerte.
El agua inicia un rictus
en mi mano abierta
y toda la noche salta, y toda alegría acaba,
perenne, asesinada.
Yo sé que lo entiendes,
lo importante ahora es apresurar el paso
anticipando el impacto al sonido
de la lluvia.
Inmortal y libre su rumor, habla de la muerte
y del placer cribador de la memoria
que cierra la garganta
con palabras de consuelo e instantes dulces.
Debe ser,
como la luz que excava en la arena de nuevo,
la vida que se niega a morir.
La mar se acerca a este atardecer de los gemidos
con férvida pujanza
y arrastra el frío de las luces hasta su muerte.
El agua inicia un rictus
en mi mano abierta
y toda la noche salta, y toda alegría acaba,
perenne, asesinada.
Yo sé que lo entiendes,
lo importante ahora es apresurar el paso
anticipando el impacto al sonido
de la lluvia.
Inmortal y libre su rumor, habla de la muerte
y del placer cribador de la memoria
que cierra la garganta
con palabras de consuelo e instantes dulces.
Debe ser,
como la luz que excava en la arena de nuevo,
la vida que se niega a morir.