Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
A un cuarto de medianoche te vi partir,
con la luna deshecha en tus pupilas,
arrastrando las sombras de tus sueños,
perdiéndote entre suspiros y despedidas.
Te vi partir en silencio,
como se van los días sin nombre,
dejando tras de ti un rastro de nostalgia,
una herida abierta en el corazón de la noche.
Tus pasos resonaron como ecos lejanos,
mientras la brisa nocturna susurraba tu nombre,
y el cielo, cómplice de tu fuga,
se cubría de estrellas ausentes.
A un cuarto de medianoche te vi partir,
y en mis manos quedó el vacío de tu adiós,
la ausencia que habita en cada rincón,
el silencio que grita tu falta.
Tus labios se llevaron mis palabras,
y en tus ojos quedó la promesa no cumplida,
la espera eterna de un regreso imposible,
la esperanza rota en mil pedazos.
A un cuarto de medianoche te vi partir,
y desde entonces, cada noche te busco,
en la sombra de los recuerdos,
en el eco de tus pasos perdidos.
con la luna deshecha en tus pupilas,
arrastrando las sombras de tus sueños,
perdiéndote entre suspiros y despedidas.
Te vi partir en silencio,
como se van los días sin nombre,
dejando tras de ti un rastro de nostalgia,
una herida abierta en el corazón de la noche.
Tus pasos resonaron como ecos lejanos,
mientras la brisa nocturna susurraba tu nombre,
y el cielo, cómplice de tu fuga,
se cubría de estrellas ausentes.
A un cuarto de medianoche te vi partir,
y en mis manos quedó el vacío de tu adiós,
la ausencia que habita en cada rincón,
el silencio que grita tu falta.
Tus labios se llevaron mis palabras,
y en tus ojos quedó la promesa no cumplida,
la espera eterna de un regreso imposible,
la esperanza rota en mil pedazos.
A un cuarto de medianoche te vi partir,
y desde entonces, cada noche te busco,
en la sombra de los recuerdos,
en el eco de tus pasos perdidos.