danie
solo un pensamiento...
Hace largo rato que llevo mirándolo.
Un caballo de bronce, erguido en dos patas,
y sobre él, alzando una bandera en la mano
y la otra apuntando con la espada,
un gran general
adornado por placas de plata y rosales.
Lo observo y me surge la imperiosa necesidad
de tomar el martillo neumático
del obrero que está trabajando a una cuadra
y derrumbar tan ilustre catafalco.
Es que aún no veo esculturas similares
honrando al panadero de mi barrio
“ese que hornea el pan a las 4:30 A.M.”,
al bombero que casi en calzones
tiene que salir a la calle cuando suena la sirena,
a la maestra que a pesar de las tizas, borradores y papelitos
que le lanzan un par de críos indomesticables
intenta enseñar un abecedario limpio de vergüenzas,
al albañil que con sus dedos ya sin huellas digitales,
desintegradas por la cal, levanta los muros de un asilo
de ancianos y, claro, a esos ancianos
que cualquiera que hayan sido sus profesiones
ejercieron la auténtica fuerza motriz de la nación.
Si Dios quiere a ese gran general, que enarbola la bandera
al viento mientras cabalga con la furia de mil demonios
para atravesar con su espada
a cualquier pobre diablo que se le cruce, que lo eleve
en su santa gloria.
Si Dios quiere que los ríos, ciudades y prados
sean teñidos de rojo sangre.
Si Dios quiere, siempre omnipresente en los himnos, que un ejército
de grandes generales laureados levante palmo a palmo
los cadáveres de la nación.
Si Dios quiere…
………………………lo que los hombres quieren.
Un caballo de bronce, erguido en dos patas,
y sobre él, alzando una bandera en la mano
y la otra apuntando con la espada,
un gran general
adornado por placas de plata y rosales.
Lo observo y me surge la imperiosa necesidad
de tomar el martillo neumático
del obrero que está trabajando a una cuadra
y derrumbar tan ilustre catafalco.
Es que aún no veo esculturas similares
honrando al panadero de mi barrio
“ese que hornea el pan a las 4:30 A.M.”,
al bombero que casi en calzones
tiene que salir a la calle cuando suena la sirena,
a la maestra que a pesar de las tizas, borradores y papelitos
que le lanzan un par de críos indomesticables
intenta enseñar un abecedario limpio de vergüenzas,
al albañil que con sus dedos ya sin huellas digitales,
desintegradas por la cal, levanta los muros de un asilo
de ancianos y, claro, a esos ancianos
que cualquiera que hayan sido sus profesiones
ejercieron la auténtica fuerza motriz de la nación.
Si Dios quiere a ese gran general, que enarbola la bandera
al viento mientras cabalga con la furia de mil demonios
para atravesar con su espada
a cualquier pobre diablo que se le cruce, que lo eleve
en su santa gloria.
Si Dios quiere que los ríos, ciudades y prados
sean teñidos de rojo sangre.
Si Dios quiere, siempre omnipresente en los himnos, que un ejército
de grandes generales laureados levante palmo a palmo
los cadáveres de la nación.
Si Dios quiere…
………………………lo que los hombres quieren.