Cantando un mal día al sol mayor
quien en vida fuera Nicanor,
melómano de gran devoción,
se murió de una grave percusión.
Y en apareciendo la que arruga,
la cosa fue de toccata y fuga,
pues prestissimo vino el dolor,
tiempo le faltó para el encore.
Se fue rebuznando en do menor
el que presumía de tenor,
aunque su voz fuera de un enano,
con el fino timbre de soprano.
Así ,ralentando, ralentando,
se le iba el espíritu atenuando
cual triste sinfonía inconclusa;
Calíope nunca fue su musa.
Si inmensas orejas exhibía,
duros los oídos los tenía;
para solfear no se prestaba,
los compases, poco los captaba;
Y si por suerte algo se aprendía
sobre claves, ritmo y armonía,
como de la quinta y de la octava,
en muy breve tiempo lo olvidaba.
Se le cayó casi todo el pelo
pretendiendo dominar el chelo;
y demasiado padeció en vano,
cuando se decidió con el piano.
Se atrevió a intentar el violín
y si de tanto denuedo, al fin,
alguna melodía lograba,
feliz exultate se entonaba.
Con las damas, era Rigoletto,
atento con motoy allegretto;
hallar en alguna el contrapunto
infructífera misión fue al punto.
Ligó blancas, negras y redondas.
resultando disonancias hondas.
Al final solista se quedó
porque ninguna lo acompañó.
¡Ay,pobre, pobre de Nicanor!,
obstinado en ser un buen cantor;
lo que el hado no le pudo dar,
él jamás lo habría de alcanzar.
Molto vivace fue en el empeño,
que no pasó de ser sólo sueño.
Réquiem para sus cuerdas vocales,
las culpables de todos sus males.
quien en vida fuera Nicanor,
melómano de gran devoción,
se murió de una grave percusión.
Y en apareciendo la que arruga,
la cosa fue de toccata y fuga,
pues prestissimo vino el dolor,
tiempo le faltó para el encore.
Se fue rebuznando en do menor
el que presumía de tenor,
aunque su voz fuera de un enano,
con el fino timbre de soprano.
Así ,ralentando, ralentando,
se le iba el espíritu atenuando
cual triste sinfonía inconclusa;
Calíope nunca fue su musa.
Si inmensas orejas exhibía,
duros los oídos los tenía;
para solfear no se prestaba,
los compases, poco los captaba;
Y si por suerte algo se aprendía
sobre claves, ritmo y armonía,
como de la quinta y de la octava,
en muy breve tiempo lo olvidaba.
Se le cayó casi todo el pelo
pretendiendo dominar el chelo;
y demasiado padeció en vano,
cuando se decidió con el piano.
Se atrevió a intentar el violín
y si de tanto denuedo, al fin,
alguna melodía lograba,
feliz exultate se entonaba.
Con las damas, era Rigoletto,
atento con motoy allegretto;
hallar en alguna el contrapunto
infructífera misión fue al punto.
Ligó blancas, negras y redondas.
resultando disonancias hondas.
Al final solista se quedó
porque ninguna lo acompañó.
¡Ay,pobre, pobre de Nicanor!,
obstinado en ser un buen cantor;
lo que el hado no le pudo dar,
él jamás lo habría de alcanzar.
Molto vivace fue en el empeño,
que no pasó de ser sólo sueño.
Réquiem para sus cuerdas vocales,
las culpables de todos sus males.
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