Solsticio de primavera
Poeta fiel al portal
A un sol hermoso
I
Un sol hermoso
como el vientre de Buda
se arremolina de un naranjo ungido
y parte desde el lúdico degradé de la fotosfera
una línea de blanco mármol
atravesando la oscuridad.
Mientras la estrella gira
como una fuerza centrífuga
de mágico carrusel.
Y así como se expande ese sol que vaticina
la cadencia tersuave del faralá
en la enagua de bayeta negra
de trompeteros y enlutados.
Así, de ese modo tan voraz
se expande la atropina negra
de las belladonas
en mi saciedad;
y me transformo en un nictálope
buscando la presa que me impele
en el hospicio sacrosanto
a devorar;
a libar suavemente el jugo exudado del tegumento
de la andorga preñada;
de mi ansiedad.
II
¡Ay, heme aquí, en ese aquelarre misericordioso!
ese nectario
que templa el agua de las centollas;
ese vasto mar
Las Ondinas se acercaron a los Silbos
mientras ellos se encontraban abrevando
y los invitaron a las aguas enmaltecidas
A la armonía fluvial
¡Ay, ese aquelarre misericordioso!, ese mecenas de contiendas
y tribulaciones
III
-Volviendo de Percépolis el avión se estrella contra una gran montaña
-Este fin de semana te la pasaste cogiendo y fumando
y metiéndote cosas por la nariz
Y ahora estas hablando con boca flagela de ¡¿libertad?!
¡Qué elocuente!
- Se te cierra la garganta antes de tomar.
Te descompones.
No aguantas la ansiedad.
- ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!
Otro hijo de la depredación,
seguirás volando como un díptero macilento
bajo la mano que se está a punto de cerrar
¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!
Las cadenas como Estringes
quieren el carmín de tu sangre
en sus picos agudos y punzantes
Quieren los nervios de tus ojos
Te quieren devorar.
-La congoja endémica que te aqueja, Hijo mío,
no es la locura, no , no es la desesperación
sólo, recuerda, sólo
estás proyectando una imagen enajenada
de la infinidad
es sólo eso, descansa guerrero enjalmado
por indagar
y mañana cuando las mansas olas del mar
se estén despabilando
ya no te asustes del prestidigitador
¡Y sumérgete en esa bajamar de un sol hermoso!
que la arrebolada
está comenzando a poblar
¡y emerge ataviado en oro!
de un oro cándido y pueril
para dándole la vuelta a tus espaldas
entrever la metrópoli inconmensurable que está despertando
y comprender.
!Y pensarte a ti mismo en el mundo!
Y pensarte,
como una lumbrera catóptrica
erguida en los márgenes del vislumbrar
y pensarte
un sol hermoso
un sol inmenso
Un sol en total sincronía de translación circular.
¡ O hasta que el hígado nos separe ¡
El credo vislumbró al monte vacío
nunca percibió las curvas sinuosas
que ornamentan tu belleza.
Inaudito.
El credo camino por el ardiente desierto
comiéndose los ojos ante la amenaza
del piélago azur
nunca descubrió que tu cuerpo infinito
era el desierto
que constantemente estaban gozando
al pisarte la piel.
Inaudito.
El piélago azur era una amenaza para éstos guerreros
pero mucho más lo era la mente que lo creaba
nunca entreabrieron las puertas inconmensurables del alma;
el miedo al dolor
a abrir su centro y desgarrarse
en amor.
Inaudito.
Vos también, náyade de mi cuerpo fluvial,
runa esplendente del siglo inescrutable
eras parte del piélago azul
pero sólo estabas allí como una manifestación trascendente
del temor.
Descanso al mirarte en un amplio campo de mayuetas y alfalfa.
Inaudito.
Te quiero
¡Inaudito!
Te quiero de verdad
I
Un sol hermoso
como el vientre de Buda
se arremolina de un naranjo ungido
y parte desde el lúdico degradé de la fotosfera
una línea de blanco mármol
atravesando la oscuridad.
Mientras la estrella gira
como una fuerza centrífuga
de mágico carrusel.
Y así como se expande ese sol que vaticina
la cadencia tersuave del faralá
en la enagua de bayeta negra
de trompeteros y enlutados.
Así, de ese modo tan voraz
se expande la atropina negra
de las belladonas
en mi saciedad;
y me transformo en un nictálope
buscando la presa que me impele
en el hospicio sacrosanto
a devorar;
a libar suavemente el jugo exudado del tegumento
de la andorga preñada;
de mi ansiedad.
II
¡Ay, heme aquí, en ese aquelarre misericordioso!
ese nectario
que templa el agua de las centollas;
ese vasto mar
Las Ondinas se acercaron a los Silbos
mientras ellos se encontraban abrevando
y los invitaron a las aguas enmaltecidas
A la armonía fluvial
¡Ay, ese aquelarre misericordioso!, ese mecenas de contiendas
y tribulaciones
III
-Volviendo de Percépolis el avión se estrella contra una gran montaña
-Este fin de semana te la pasaste cogiendo y fumando
y metiéndote cosas por la nariz
Y ahora estas hablando con boca flagela de ¡¿libertad?!
¡Qué elocuente!
Api:
- Se te cierra la garganta antes de tomar.
Te descompones.
No aguantas la ansiedad.
Embajador de Zaprah:
- ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!
Otro hijo de la depredación,
seguirás volando como un díptero macilento
bajo la mano que se está a punto de cerrar
¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!
Las cadenas como Estringes
quieren el carmín de tu sangre
en sus picos agudos y punzantes
Quieren los nervios de tus ojos
Te quieren devorar.
Apironthe IV, Maharajá de Berucia:
-La congoja endémica que te aqueja, Hijo mío,
no es la locura, no , no es la desesperación
sólo, recuerda, sólo
estás proyectando una imagen enajenada
de la infinidad
es sólo eso, descansa guerrero enjalmado
por indagar
y mañana cuando las mansas olas del mar
se estén despabilando
ya no te asustes del prestidigitador
¡Y sumérgete en esa bajamar de un sol hermoso!
que la arrebolada
está comenzando a poblar
¡y emerge ataviado en oro!
de un oro cándido y pueril
para dándole la vuelta a tus espaldas
entrever la metrópoli inconmensurable que está despertando
y comprender.
!Y pensarte a ti mismo en el mundo!
Y pensarte,
como una lumbrera catóptrica
erguida en los márgenes del vislumbrar
y pensarte
un sol hermoso
un sol inmenso
Un sol en total sincronía de translación circular.
Api, Embajador de Zaprah y Apironthe IV en coro:
¡ O hasta que el hígado nos separe ¡
A un sol hermoso. Apartado I:
- Del Amor
- Del Amor
El credo vislumbró al monte vacío
nunca percibió las curvas sinuosas
que ornamentan tu belleza.
Inaudito.
El credo camino por el ardiente desierto
comiéndose los ojos ante la amenaza
del piélago azur
nunca descubrió que tu cuerpo infinito
era el desierto
que constantemente estaban gozando
al pisarte la piel.
Inaudito.
El piélago azur era una amenaza para éstos guerreros
pero mucho más lo era la mente que lo creaba
nunca entreabrieron las puertas inconmensurables del alma;
el miedo al dolor
a abrir su centro y desgarrarse
en amor.
Inaudito.
Vos también, náyade de mi cuerpo fluvial,
runa esplendente del siglo inescrutable
eras parte del piélago azul
pero sólo estabas allí como una manifestación trascendente
del temor.
Descanso al mirarte en un amplio campo de mayuetas y alfalfa.
Inaudito.
Te quiero
¡Inaudito!
Te quiero de verdad
NOTA DE ADMINISTRACIÓN:
suprimida nota, totalmente fuera de lugar, agregada por el usuario sobre la ortografía.
JULIA
administradora de MUndopoesía.com
No creo que la nota haya estado de más, pero me disculpo si ofendí la ética y buenas costumbres. Agrego algo de suma importancia:
A quien corresponda:
Por favor no editen mi escrito más, no les corresponde cambiar comas o puntos o mayúsculas. Si creen que hay errores esas son sus creencias y como yo no me meto en sus creencias espero que ustedes no se metan en las mias.
Gracias
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