Está en mí tu llanto,
mujer, labio grácil,
y no es algo fácil
llorar amor tanto.
Si luna de espanto
marchita tu sueño,
soy yo como el dueño
de fúnebre canto.
No hay culpa en ti en tanto
y sigue tu guerra,
tan dura, tan perra
—conozco yo cuánto—.
No solo te canto,
mujer, labio grácil;
que no es cosa fácil:
recordamos tanto...
(De nuestra memoria
nacerá la gloria.)
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