Rigel Amenofis
Poeta que considera el portal su segunda casa
Enigmático rostro de mujer
por ahora exiliada del olvido,
eres una deidad sin Mizar en el sueño,
cutis y corazón tallados en granito.
El cincel de la lluvia aún te forma
cuando dibuja el llanto en las tardes de estío.
Posees un encanto misterioso
que brota de tu vida como un eco infinito;
tus ojos siempre abiertos
semejan un crepúsculo de hastío,
parecen oración para un Dios que no existe
o al canto de los grillos....
Desde el lugar que habitas
tu lamento, sonido jeroglífico,
altera telarañas
y asusta los suspiros.
La placidez adusta que tu semblante emana
es estéril indicio de un triste paraíso;
soñaste una leyenda que guardarías solo en las estrellas
y un obtuso designio te regalo esta piedra exigua en mitos.
Tú eres, lo entiendo al verte,
inocua rebelión ante lo efímero.
Año 2010
Copyright © Derechos reservados ®
por ahora exiliada del olvido,
eres una deidad sin Mizar en el sueño,
cutis y corazón tallados en granito.
El cincel de la lluvia aún te forma
cuando dibuja el llanto en las tardes de estío.
Posees un encanto misterioso
que brota de tu vida como un eco infinito;
tus ojos siempre abiertos
semejan un crepúsculo de hastío,
parecen oración para un Dios que no existe
o al canto de los grillos....
Desde el lugar que habitas
tu lamento, sonido jeroglífico,
altera telarañas
y asusta los suspiros.
La placidez adusta que tu semblante emana
es estéril indicio de un triste paraíso;
soñaste una leyenda que guardarías solo en las estrellas
y un obtuso designio te regalo esta piedra exigua en mitos.
Tú eres, lo entiendo al verte,
inocua rebelión ante lo efímero.
Año 2010
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