A UNA GUERRA SIEMPRE ABSURDA
Soñando la veía real e impresionante,
oscura tropelía de rostro denigrante.
Apenas discrimina soldados de civiles
que sufren las batallas ajenos al motivo.
¡Difícil argumento de corte primitivo
parido en los despachos de seres infantiles!
Despierto con las bombas. Cascotes y metrallas
se cuelan en mi alcoba. ¡Fusiles de canallas
que inician la masacre con furia desmedida!
Un niño que pasaba jugando a la pelota
se encuentra con la muerte: No siente la derrota.
¡Bastardos jerifaltes de mueca pervertida!
Y cierro las persianas perdido en mi sollozo.
El niño que moría mataba mi alborozo
y en rabia convertía la paz de mi semblante.
Un grito desgarrado rompía los estruendos
de obuses y disparos mortíferos, tremendos.
¡Su madre lo abrazaba! ¡Qué imagen impactante!
La sangre derramada del cuerpo destrozado
es odio de una guerra, su mísero legado.
¡Jinetes de la guerra que muestran su locura!
¡Patéticas escorias que impregnan con horrores
momentos más felices pletóricos de amores
y entierran en un foso la vida y la cordura!
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Churrete
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