Sebastian Dusalgi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Anoche tuve un sueño
mientras recorría la senda de los versos.
Se presentó ante mi un Ángel,
de ojos de zafiro, por cabello dorados lirios,
de pequeña boca y blanca piel.,
estiraba yo mi mano queriéndola tocar
pero teniéndola cerca, lejos estaba.
Su belleza resplandecía,
entre coloridos valles adornados de guirnaldas,
flaqueé ante ella cayendo de rodillas,
Suspirando ante el aroma de sus flores
cubriendo mi pecho herido dije:
¡ Oh Ángel quien fuera poseedor de tu hermosura !
saciando en el remanso de tu regazo,
los deseos del alma y del cuerpo,
besando por siempre vuestros cristalinos labios.
Has abierto ante mí las puertas del paraíso,
quien fuera por siempre vuestro esclavo.
y vivir arropado bajo el calor de vuestra piel.
Aquel tierno rostro sonriendo me miró
lanzó un beso que en clavel se convirtió.
Una lúgubre y errante lágrima caía por mi mejilla,
el viento la rebose llevándola ante ella
y guardola en un cofre de seda.
La noche esta pasando ,la visión se desvanecía,
esparciendo perfumados aires, bálsamo a mi alma herida,
y entre las estrellas que aún sonreían
quede despierto de alegría,
repitiendo el dulce nombre de mi Ángel
entre las notas amorosas de una matinal ave.
Sebastian Dusalgi
mientras recorría la senda de los versos.
Se presentó ante mi un Ángel,
de ojos de zafiro, por cabello dorados lirios,
de pequeña boca y blanca piel.,
estiraba yo mi mano queriéndola tocar
pero teniéndola cerca, lejos estaba.
Su belleza resplandecía,
entre coloridos valles adornados de guirnaldas,
flaqueé ante ella cayendo de rodillas,
Suspirando ante el aroma de sus flores
cubriendo mi pecho herido dije:
¡ Oh Ángel quien fuera poseedor de tu hermosura !
saciando en el remanso de tu regazo,
los deseos del alma y del cuerpo,
besando por siempre vuestros cristalinos labios.
Has abierto ante mí las puertas del paraíso,
quien fuera por siempre vuestro esclavo.
y vivir arropado bajo el calor de vuestra piel.
Aquel tierno rostro sonriendo me miró
lanzó un beso que en clavel se convirtió.
Una lúgubre y errante lágrima caía por mi mejilla,
el viento la rebose llevándola ante ella
y guardola en un cofre de seda.
La noche esta pasando ,la visión se desvanecía,
esparciendo perfumados aires, bálsamo a mi alma herida,
y entre las estrellas que aún sonreían
quede despierto de alegría,
repitiendo el dulce nombre de mi Ángel
entre las notas amorosas de una matinal ave.
Sebastian Dusalgi