child-of-the-grave
Poeta adicto al portal
A una succubus efímera
Sucumbo al tumulto pectoral;
giro, impotente, en la confusión
y como fugaz bola de basura
atravieso la oquedad análoga
de la ciudad de las cenizas
Arden los callejones;
hace un calor extremo,
me sofoca la piel y entonces
empiezo, mordaz, a desnudar
hasta las más austeras estatuas
Siento el crepitar de las células;
reluce la fricción de la dionisíaca ciudad
que celebra en bacanal de oquedal
mientras trepo, constreñido por llamas,
hasta la copa del árbol más alto
Me sumerjo en el vino de su sudor;
las estrellas de un orgasmo citadino
susurran como el ponto en mis oídos:
¡Desde el cielo no se puede volar,
sólo queda caer en picada fatal!
Yazco soluble en la espuma del mar;
soy testigo de la poesía sideral
de australes astros del vasto abisal
que enigmático recito mientras espero
el regreso de la succubus carnívora:
Como moscas los segundos se pegan
al firmamento nublado de precoz humedad;
revientan las neuras imaginando levantar,
cual audaz ola de rompiente, el vestido del sol
para trepar como hiedra al centro de su calor.
La luna brilla meretriz,
invitando a la tormenta a resurgir.
Lluvia, lluvia, recorre mis surcos y abismos
creando cataratas y lagunas para poder
saciar la sed y ahogar el silencio.
Sucumbo al tumulto pectoral;
giro, impotente, en la confusión
y como fugaz bola de basura
atravieso la oquedad análoga
de la ciudad de las cenizas
Arden los callejones;
hace un calor extremo,
me sofoca la piel y entonces
empiezo, mordaz, a desnudar
hasta las más austeras estatuas
Siento el crepitar de las células;
reluce la fricción de la dionisíaca ciudad
que celebra en bacanal de oquedal
mientras trepo, constreñido por llamas,
hasta la copa del árbol más alto
Me sumerjo en el vino de su sudor;
las estrellas de un orgasmo citadino
susurran como el ponto en mis oídos:
¡Desde el cielo no se puede volar,
sólo queda caer en picada fatal!
Yazco soluble en la espuma del mar;
soy testigo de la poesía sideral
de australes astros del vasto abisal
que enigmático recito mientras espero
el regreso de la succubus carnívora:
Como moscas los segundos se pegan
al firmamento nublado de precoz humedad;
revientan las neuras imaginando levantar,
cual audaz ola de rompiente, el vestido del sol
para trepar como hiedra al centro de su calor.
La luna brilla meretriz,
invitando a la tormenta a resurgir.
Lluvia, lluvia, recorre mis surcos y abismos
creando cataratas y lagunas para poder
saciar la sed y ahogar el silencio.