Évano
Libre, sin dioses.
Andas con trapos por duras aceras
y apoyas las costillas en farolas
de luz que escupe chicles en la noche.
Rancias sobras de bocas de tinieblas.
Te esquivan brazo y mano en las esquinas
y duermes en cajeros de los bancos
donde jamás tuviste ni un euro.
Meas las piernas bajo cartones que sirven
para el suelo de mantas llenas de ácaros.
Unida a tu botella inseparable
vuelves a repasar todo el camino.
Sigue sin haber nadie a tu lado
por mucho que retornes al principio.
Se acabó el dar la vida a los demás.
Es hora de saber si son verdades
las historias del Dios del más allá.
Porque aquí encontraste a los demonios,
como esos dos del cóctel molotov
que te miran con cara de asco.
Perdónalos, Señor,
no saben lo que hacen.
No lo repitas más.
Ya se acabó.
y apoyas las costillas en farolas
de luz que escupe chicles en la noche.
Rancias sobras de bocas de tinieblas.
Te esquivan brazo y mano en las esquinas
y duermes en cajeros de los bancos
donde jamás tuviste ni un euro.
Meas las piernas bajo cartones que sirven
para el suelo de mantas llenas de ácaros.
Unida a tu botella inseparable
vuelves a repasar todo el camino.
Sigue sin haber nadie a tu lado
por mucho que retornes al principio.
Se acabó el dar la vida a los demás.
Es hora de saber si son verdades
las historias del Dios del más allá.
Porque aquí encontraste a los demonios,
como esos dos del cóctel molotov
que te miran con cara de asco.
Perdónalos, Señor,
no saben lo que hacen.
No lo repitas más.
Ya se acabó.
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