Sinuhé
Poeta adicto al portal
La noche destila licores
en alambiques bruñidos de mar.
Su faz añil me mira,
intransigente.
Tiene abigarrados rasgos tuyos.
Propaga,
vasta una mulata oscuridad
ociosa y vacía
pero que todo lo llena;
necia
y que tapiza de navajas
redundantes el suelo.
Hora amarga entre todas las horas
¿a dónde llevas los minutos?
a dónde la colección de sueños
tripulados
que eran míos.
Hora paciente entre todas
vasta entre las vastas,
plañidera entre todas y doliente.
Indivisa,
todo tiene la sombra que a si misma se cubre
una aciaga inmensidad plena a la vez
de un desagüe infinito y salado,
donde dioses segunderos
con su tictac estúpido reman.
No desnudes tu corazón que dormirás
el sueño que domina y que todo lo hiere.
Esta es la noche del silencio.
Esta es la tremenda vigilia
de la furia que culpa y que todo condena.
Ahora es cuando acaricias aún
el oscuro y remoto recuerdo
relegado entre todos los recuerdos.
......
en alambiques bruñidos de mar.
Su faz añil me mira,
intransigente.
Tiene abigarrados rasgos tuyos.
Propaga,
vasta una mulata oscuridad
ociosa y vacía
pero que todo lo llena;
necia
y que tapiza de navajas
redundantes el suelo.
Hora amarga entre todas las horas
¿a dónde llevas los minutos?
a dónde la colección de sueños
tripulados
que eran míos.
Hora paciente entre todas
vasta entre las vastas,
plañidera entre todas y doliente.
Indivisa,
todo tiene la sombra que a si misma se cubre
una aciaga inmensidad plena a la vez
de un desagüe infinito y salado,
donde dioses segunderos
con su tictac estúpido reman.
No desnudes tu corazón que dormirás
el sueño que domina y que todo lo hiere.
Esta es la noche del silencio.
Esta es la tremenda vigilia
de la furia que culpa y que todo condena.
Ahora es cuando acaricias aún
el oscuro y remoto recuerdo
relegado entre todos los recuerdos.
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