jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
aquella mañana desperté más jodido que nunca
me sentía como si fuese una puta cucaracha
como un perro sarnoso olvidado a un lado del camino
como una mierda viviente sin futuro
ya estuvo bueno, pensé
esto no puede seguir así
la puta vida no puede seguir tratándome de esta forma
ha llegado la hora de mandar todo a la verga
animado por esta resolución
me levanté y amarré una cuerda del ventilador en el techo
coloqué una silla debajo del extremo colgante de la cuerda
me subí a la silla
anudé la cuerda alrededor de mi cuello
comprobé que estuviera bien apretada
cerré los ojos...
en ese momento entró una llamada a mi celular
por un momento me cruzó por la mente no responder
seguro se trataba de un recordatorio de pago
estos hijos de su puta madre, pensé
ni siquiera lo dejan a uno suicidarse en paz
sin embargo me desanudé la cuerda del cuello
bajé de la silla y cogí el teléfono
una voz de mujer me dijo buenos días
luego me preguntó si yo era jose villa
cuando le dije que sí, la tipa me dijo
que yo era el feliz ganador del sorteo semestral de la telefónica
el premio consistía en un viaje al caribe todo pagado
el vuelo salía al día siguiente de guadalajara
estaría alojado un mes en un penthouse junto a la playa
dos putas de lujo estarían a mis órdenes día y noche
tenía derecho a consumo ilimitado de bebida y comida
y si me aburría de las putas había la opción
de que me las cambiaran por un negro vergudo y cogelón
mientras la tipa hablaba corté la llamada
arrojé el teléfono sobre la cama y volví a subirme a la silla
me anudé otra vez la cuerda al cuello
comprobé que apretara correctamente
justo antes de brincar de la silla me invadió la duda
imaginé entonces lo que habría del otro lado de la muerte
¿un desierto helado sumido en las sombras?
¿un mundo de perfiles siniestros poblado por lúgubres voces?
¿una marcha infinita a través de un desolado y escabroso paraje?
dos días más tarde me hallaba junto al mar de las bahamas
bebía whisky despatarrado en la terraza de un penthouse
una morena de enormes tetas me hacía una mamada
su amiga estaba a mi lado con mi mano en su coño
a lo lejos se veía una nubecilla dibujada en el cielo azul
la brisa marina tenía un sabor a canela tostada
en ese momento entró una llamada a mi celular
una de las chicas sostuvo el aparato junto a mi boca
escuché la voz de una mujer hablar del otro lado
su tono transmitía un profundo sentimiento de ira:
¡qué coño estás esperando para ahorcarte, hijo de puta!
le dije a mi risueña amiga que desconectara el puto teléfono
le di un largo trago a mi whisky
contemplé aquella simpática nubecilla colgada del cielo
metí otro dedo en el delicioso coñito abierto a mi lado
ya habría tiempo para morirme otro día
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