Eremita
Poeta recién llegado
A veces
A veces ruge el cielo,
y se abren las nubes en la tarde,
y el fragor estremece tu aposento.
Podría sonar el mar, el mar profundo.
Pero si tú me hablas suavemente,
tu voz tan íntima, tan honda,
sigue un danzar secreto en mis oídos
y en nuestros ojos, nuestra piel, nada se turba.
Cuando estamos solos, tu belleza aumenta
y la luz de la luna se quiebra en tus caderas.
A veces te presumo como si fueras cielo,
o un milagro solo para mí creado.
Si el mundo se quedara sin sonidos,
una palabra tuya bastaría, nada le falta.
Si me quedo sin norte, sin estrellas,
subo el río de tu cuerpo como si fuese un mapa.
Un barco de palabras infinitas, tu cuerpo,
todo lo que me ocurre es prescindible,
menos tu amor oculto en mis arenas.
Régulo Briceño.
29/12/2020
A veces ruge el cielo,
y se abren las nubes en la tarde,
y el fragor estremece tu aposento.
Podría sonar el mar, el mar profundo.
Pero si tú me hablas suavemente,
tu voz tan íntima, tan honda,
sigue un danzar secreto en mis oídos
y en nuestros ojos, nuestra piel, nada se turba.
Cuando estamos solos, tu belleza aumenta
y la luz de la luna se quiebra en tus caderas.
A veces te presumo como si fueras cielo,
o un milagro solo para mí creado.
Si el mundo se quedara sin sonidos,
una palabra tuya bastaría, nada le falta.
Si me quedo sin norte, sin estrellas,
subo el río de tu cuerpo como si fuese un mapa.
Un barco de palabras infinitas, tu cuerpo,
todo lo que me ocurre es prescindible,
menos tu amor oculto en mis arenas.
Régulo Briceño.
29/12/2020
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