Lord Vélfragor
Poeta adicto al portal
Círculo... gracia y eternidad,
confusa realidad,
dejando el sentimentalismo,
acobardado... silencioso,
Con el método solemne,
del arte de asesinar,
no con la espada,
no con el puñal,
Con tinta y pluma,
en papel de antaño,
letra gótica y legible,
¡Godos y visigodos!
guerreros poderosos,
orgullosos... melancólicos,
artes paganas...
celebradas con cabezas...
Circo de fenómenos,
recuerdo en mis memorias,
desfilando con desgano,
mientras la espalda era latigueada,
con odio... sin comprender,
Copas alzadas en su nombre,
con el figurín sereno,
mirando expectante,
la razón del adiós...
Estallidos volcánicos,
de rabia irresoluta,
que desafía la cordura,
ancestral designio,
perdiéndose entre olas...
con el llamado sin nombre,
con la raíz de la nada,
con la memoria distraída,
parado ahí... en medio...
El espacio vacío,
soledad fría y acogedora,
que recuerde el retrato perdido,
en momentos de agonía...
Respiros y flores,
ensartadas en guirnalda,
que no es perfumada,
sino de frío hielo,
clavándose en al frente,
a modo de parodia,
Recibe entonces ovación de pie,
ante cruel obra,
ante semejante burla,
contra lo que para otros es sagrado,
Oro y plata,
zafiros y rubíes,
que serán tu tesoro mas preciado,
olvidando del todo lo que es importante,
olvidando lo que alguna vez quisiste...
Hermanado en el canto de la nada,
suplicando los juegos de fuego,
que apacigüen tu aburrimiento,
en el trono vacío que nunca ganaste,
Misa distorsionada,
entre los pasajes bíblicos,
que son más que puras mentiras,
contadas por millones de bocas,
Nido de avispas,
rebeladas en ceremonia,
con el veneno en sus puntas,
con el dolor que causarán,
Torturas sin nombre,
con la excusa de buscar verdad,
¿De que verdad puedes hablar?
sumido en tu ignorancia completa,
sin comprender la complejidad del juego...
Llamando al destino,
procurando tener sus sacrificios,
importándote nada... el todo,
justificando tus revueltos intestinos,
entre olivos y vino...
Leche materna que destruyó tu juicio,
al llamarte hijo de la luna,
sin saber que la Luna te detesta,
sin saber que las estrellas,
plantean tu muerte...
¡Inmortales! ¡Protestadse!
que la confusión de mis entrañas,
no permita semejante descaro,
al corazón valiente... al corazón amado,
Y sea entre cobijas de paja,
que la verdadera sabiduría os llegue,
confinando por siempre,
las palabras ardidas en cenizas,
al no alcanzar más flama...
al no alcanzar más almas...
¡Viva la simpleza!
de la cuál bebo sin remedio,
de la cuál nací... sin nunca morir,
que sus palabras ahora asco me causan...
¡Aléjate y vive!
muerto en silencio,
ahogándote en palabras,
senectud próxima,
que rime a mis deseos...
¡Id y venid!
que así es el principio del todo,
para atracar siempre,
en el mismo muelle,
ante la grandiosa mar...
ante la grandiosa tempestad...
Que muera el silencio,
que la libertad plena,
¡Jamás conocerás!
no olvides tu nombre,
que de mí... nada esperes más,
has muerto sin tumba,
sin recuerdo... sin epitafio....
Tu verdugo por siempre...
L.V.
confusa realidad,
dejando el sentimentalismo,
acobardado... silencioso,
Con el método solemne,
del arte de asesinar,
no con la espada,
no con el puñal,
Con tinta y pluma,
en papel de antaño,
letra gótica y legible,
¡Godos y visigodos!
guerreros poderosos,
orgullosos... melancólicos,
artes paganas...
celebradas con cabezas...
Circo de fenómenos,
recuerdo en mis memorias,
desfilando con desgano,
mientras la espalda era latigueada,
con odio... sin comprender,
Copas alzadas en su nombre,
con el figurín sereno,
mirando expectante,
la razón del adiós...
Estallidos volcánicos,
de rabia irresoluta,
que desafía la cordura,
ancestral designio,
perdiéndose entre olas...
con el llamado sin nombre,
con la raíz de la nada,
con la memoria distraída,
parado ahí... en medio...
El espacio vacío,
soledad fría y acogedora,
que recuerde el retrato perdido,
en momentos de agonía...
Respiros y flores,
ensartadas en guirnalda,
que no es perfumada,
sino de frío hielo,
clavándose en al frente,
a modo de parodia,
Recibe entonces ovación de pie,
ante cruel obra,
ante semejante burla,
contra lo que para otros es sagrado,
Oro y plata,
zafiros y rubíes,
que serán tu tesoro mas preciado,
olvidando del todo lo que es importante,
olvidando lo que alguna vez quisiste...
Hermanado en el canto de la nada,
suplicando los juegos de fuego,
que apacigüen tu aburrimiento,
en el trono vacío que nunca ganaste,
Misa distorsionada,
entre los pasajes bíblicos,
que son más que puras mentiras,
contadas por millones de bocas,
Nido de avispas,
rebeladas en ceremonia,
con el veneno en sus puntas,
con el dolor que causarán,
Torturas sin nombre,
con la excusa de buscar verdad,
¿De que verdad puedes hablar?
sumido en tu ignorancia completa,
sin comprender la complejidad del juego...
Llamando al destino,
procurando tener sus sacrificios,
importándote nada... el todo,
justificando tus revueltos intestinos,
entre olivos y vino...
Leche materna que destruyó tu juicio,
al llamarte hijo de la luna,
sin saber que la Luna te detesta,
sin saber que las estrellas,
plantean tu muerte...
¡Inmortales! ¡Protestadse!
que la confusión de mis entrañas,
no permita semejante descaro,
al corazón valiente... al corazón amado,
Y sea entre cobijas de paja,
que la verdadera sabiduría os llegue,
confinando por siempre,
las palabras ardidas en cenizas,
al no alcanzar más flama...
al no alcanzar más almas...
¡Viva la simpleza!
de la cuál bebo sin remedio,
de la cuál nací... sin nunca morir,
que sus palabras ahora asco me causan...
¡Aléjate y vive!
muerto en silencio,
ahogándote en palabras,
senectud próxima,
que rime a mis deseos...
¡Id y venid!
que así es el principio del todo,
para atracar siempre,
en el mismo muelle,
ante la grandiosa mar...
ante la grandiosa tempestad...
Que muera el silencio,
que la libertad plena,
¡Jamás conocerás!
no olvides tu nombre,
que de mí... nada esperes más,
has muerto sin tumba,
sin recuerdo... sin epitafio....
Tu verdugo por siempre...
L.V.
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