Alas de marioneta
Poeta asiduo al portal
Cincuenta y nueve años intentando no soñar
y de repente un veintiocho, soñé con ella.
Sus ojos desbocando el cabalgar de sus pupilas
y su risa de niña escondiéndose a manos abiertas.
Me preguntó de dónde venía, si alguna vez la había soñado
y de un nudo al corazón se me tejieron las venas.
Sonó el timbre del dormitorio de aquel sueño
y sin zapatillas ni nada descubrí que era ella.
Me atravesó con la claridad de sus ojos,
con ese cuerpo de diosa jugando a ser princesa,
me felicitó, me abrazó, nos medimos las manos,
bebimos sidra y algunas gotas volvieron a la tierra.
Se me descolgó el teléfono y sin saber que contestaba,
vi la foto en la pantalla y descubrí que era ella.
"No he podido ir", "tengo que trabajar",
"ya sabes, soy rubia y a veces se me olvidan las fechas".
Un par de besos de lejos, un abrazo a mi lado
y otro abrazo al abrazo de mi izquierda,
un abrir los ojos, de repente un despertar
y sin saber que quería seguir soñando, estaban sentadas a mi mesa.
y de repente un veintiocho, soñé con ella.
Sus ojos desbocando el cabalgar de sus pupilas
y su risa de niña escondiéndose a manos abiertas.
Me preguntó de dónde venía, si alguna vez la había soñado
y de un nudo al corazón se me tejieron las venas.
Sonó el timbre del dormitorio de aquel sueño
y sin zapatillas ni nada descubrí que era ella.
Me atravesó con la claridad de sus ojos,
con ese cuerpo de diosa jugando a ser princesa,
me felicitó, me abrazó, nos medimos las manos,
bebimos sidra y algunas gotas volvieron a la tierra.
Se me descolgó el teléfono y sin saber que contestaba,
vi la foto en la pantalla y descubrí que era ella.
"No he podido ir", "tengo que trabajar",
"ya sabes, soy rubia y a veces se me olvidan las fechas".
Un par de besos de lejos, un abrazo a mi lado
y otro abrazo al abrazo de mi izquierda,
un abrir los ojos, de repente un despertar
y sin saber que quería seguir soñando, estaban sentadas a mi mesa.
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