ludmila
Poeta veterano en el portal
A menudo contemplo
el inhóspito desierto del olvido,
veo como se amarran mutuamente
las tristezas bajo un muro de entrañas.
Entonces aparecen insondables figuras
que renacen en las órbitas de la memoria,
destellos de una gota que amanece
en la noria de los recuerdos.
Un corazón que se derrumba en la extrañeza,
trastocando la frente de los descansos
en la escalera umbría de las lágrimas.
Y me duele la piel de las mañanas
mascando un dolor que se avecina,
que se pierde con tus versos,
como un calendario que se agota
en la garganta.
Las palabras son huellas en la alfombra,
que han quedado tan lejanas
con tu ausencia,
consumiendo las blasfemas
de tibias construcciones,
en la consternación de las metáforas.
Son como abalorios que derraman los labios,
aportes de una historia clandestina
que ruedan por abismos de una calle
como el canto abrogado en la neblina.
el inhóspito desierto del olvido,
veo como se amarran mutuamente
las tristezas bajo un muro de entrañas.
Entonces aparecen insondables figuras
que renacen en las órbitas de la memoria,
destellos de una gota que amanece
en la noria de los recuerdos.
Un corazón que se derrumba en la extrañeza,
trastocando la frente de los descansos
en la escalera umbría de las lágrimas.
Y me duele la piel de las mañanas
mascando un dolor que se avecina,
que se pierde con tus versos,
como un calendario que se agota
en la garganta.
Las palabras son huellas en la alfombra,
que han quedado tan lejanas
con tu ausencia,
consumiendo las blasfemas
de tibias construcciones,
en la consternación de las metáforas.
Son como abalorios que derraman los labios,
aportes de una historia clandestina
que ruedan por abismos de una calle
como el canto abrogado en la neblina.