El largo atardecer del caminante
poema de Oscar Portela
a Abel Posse
Es de noche. Ventisca helada
y sueños arden ahora
justo a orillas del Volga.
Es un vivaque ardido en el desierto
donde lo abierto se deshoja
en el blanco infinito
de un árido camino. Larga es la
noche, larga. Y el hombre
que está solo y espera
piensa en la pampa, piensa en
los gauchos de un incierto
paraje y su osadía se refleja
en sombras que las llamas arrojan
sobre el hielo. En su exilio
interior de caminante
es el mundo su patria. Pero su
corazón que sangra
deja las huellas sobre
la hermosura transfigurada
en hielo. Vuelve el hombre
aterido por tanto sueño
vano a su manso refugio.
Y allí junto a todas las islas
voladas por el agua sueña que
sueña. Escribe, total el mundo
es solo sueño. Ni por mar ni tierra
llegarás al hiperbóreo
espejo que tú buscas.
El caminante tras su escritorio
piensa e inventa un mundo
donde todo cabe. El tal vez,
la fabula, el empezar de nuevo,
y mientras un sol pálido
cubre su frente pálida, regresa
al Otro sueño, al mas sueño
donde los infelices se atan a la luz
como a la salvación posible.
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